Ácaros e insecticidas, tras el ocaso mundial de la abeja

Millones de ejemplares de «Apis mellifera» mueren cada año, lo que afecta al 35 % de la producción agraria


madrid / colpisa

Albert Einstein vaticinó en su día: «Si la abeja desapareciera de la superficie del planeta, al ser humano solo le quedarían cuatro años de vida: sin ellas no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres». Desde el año 2000, las colmenas de todo el mundo se están viendo diezmadas sin causa conocida, provocando ansiedad en apicultores y agricultores que dependen de este insecto. Su ocaso afecta al 35 % de la producción agraria. Los países del sur de Europa (entre ellos España, que en el 2005 sufrió de forma especial el llamado síndrome del desabejado) dieron la voz de alarma, pero fue hace siete años, al llegar el problema a Estados Unidos, cuando de verdad cobró relevancia.

Desde entonces se buscan los orígenes de este fenómeno, que parece tener múltiples causas. «Creemos que existen tres razones, y la primera es el ácaro Varroa destructor, que debilita a las abejas hasta acabar con las colmenas», explica Mariano Higes, investigador principal del Centro Apícola de Marchamalo (Guadalajara), laboratorio de referencia en Europa.

El segundo culpable es el microhongo Nosema ceranae, descubierto por el centro liderado por Higes. «Es un patógeno emergente, un parásito exótico que solo afectaba a la abeja asiática, pero que puede haberse contagiado a la Apis mellifera, la europea», expone el experto.

Sus efectos solo se manifiestan en especímenes adultos, a los que ataca en su sistema digestivo, impidiendo que coman, por lo que se debilitan y mueren. Como mecanismo de defensa, ya no vuelven a sus colmenas, que se quedan vacías.

Afecta a su sistema nervioso

El tercer factor que apunta este investigador es el de los insecticidas del tipo neocotinoide. Actúan sobre el sistema nervioso de los animales que en teoría son perjudiciales para los cultivos, pero también sobre el de las abejas. «Sin embargo, no hay estudios que certifiquen la relación directa entre estas sustancias y el síndrome del desabejado. Es cierto que se ha demostrado que en agricultura intensiva, en la que se utilizan los insecticidas de forma habitual, sí que afecta, pero no se puede decir que sea la única explicación del fenómeno», resume el investigador. Varios de estos pesticidas se hallan en el punto de mira de Gobiernos y científicos. Este año se prohibió en Francia el uso del Cruiser OSR.

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