Nunca me perdonaré tardar tanto en descubrir que me engañaban

Detrás de las buenas palabras que me daban había falsedad


LUGO

Hace 18 años mataron a mi hermana y a un compañero de trabajo en el Cash Récord de O Ceao. Los familiares de las víctimas nunca jamás supimos de los autores porque, durante todo este tiempo, las investigaciones han sido un fracaso estrepitoso. Y no solo eso, nos engañaron. Siempre nos fueron dando largas.

Soy persona paciente, pero no me callo. Hice varias huelgas de hambre, me encadené en los juzgados, salimos en manifestación. Todo, con el único fin de no dejar morir la investigación que es lo que muchos querían. Parece como si tuvieran un gran interés en pasar cuanto antes página sin importarles para nada ni las víctimas, desgraciadamente ya desaparecidas, ni tampoco sus familias. Yo busco justicia, simplemente eso. Por eso, durante los próximos cuatro fines de semana de este mes de agosto les iré contando vivencias de una situación terrible que nos tocó a vivir a los familiares de Elena López y también de Esteban Carballedo. Una situación, por cierto, que no deseamos ni al peor enemigo.

Todo en esta vida tiene un objetivo y yo en mi larga lucha por saber quién o quiénes mataron, asesinaron, a mi hermana y Esteban, trataré de luchar como pueda para que los criminales salgan al descubierto aunque sé que no se ha hecho ni por parte de la policía, ni tampoco de la justicia, todo lo que se debía y es triste, desesperante, saberlo.

Quizás más de uno se sienta avergonzado, aunque a veces ya lo dudo, con lo que voy a contar desde hoy. Nunca han tenido arrestos, nunca han tenido valor, nunca han pretendido coger el toro por los cuernos y poner las cosas en su sitio y, lo que es más importante, a los asesinos en prisión. ¿Porqué? ¿No les parece todo muy extraño?.

Ese porqué se cruza con otra pregunta. ¿Cuál fue la razón de que hubiera tardado tanto tiempo en ponerme a averiguar aquella terrible tarde del último día de abril del año 1994?

No tengo respuestas claras para la primera pregunta pero sí para la segunda. Yo, como creo que casi todos ustedes, confiaba plenamente en nuestra justicia, en los investigadores de los fuerzas y cuerpos de seguridad. No tenía dudas de que estarían interesados en saber quién o quiénes cometieron los asesinatos y los motivos que los llevaron a destrozar a dos personas en lo mejor de sus vidas y también a sus familias. Me equivocaba totalmente.

Les confieso con amargura terrible que nunca me perdonaré el haber tardado tanto en descubrir que me engañaban. Me daban largas. Hubo buenas palabras, pero estas estaban contaminadas por la mentira.

Me presenté muchas ocasiones en despachos para preguntar como iba el caso, qué había de nuevo, qué hacían... Siempre buenas palabras. Detrás de las bonitas respuestas había engaño, creo que falsedad, maldad, en definitiva veneno.

Todavía me martillea en mi cabeza una respuesta que se convirtió en familiar en algunos despachos: «va todo muy bien». Algunos me decían que era cuestión de atar unos cabos para resolver. ¡Pues menos mal que eran solo unos cabos! Que sepan ustedes que jamás llegaron a hacer un simple nudo. Sus fracasos en la investigación fueron vergonzosos, estrepitosos, propios de aprendices.

Esos fallos no los cometería un estudiante de primero de primero de criminología. Esa circunstancia, he de confesarles, que hace que muchas ocasiones la cabeza me lleve a pensar mal, muy mal. No paro de hacerme preguntas. No logro tener respuesta alguna. Pero, las seguiré buscando.

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