«Fui acomodador del cine Orfeo, ahí empezó mi pasión por el audiovisual»


VIVEIRO / LA VOZ

José Luis Moar Rivera (Viveiro, 1946) se paseará esta mañana por el curro de Candaoso, cámara al hombro, en busca de una fotografía diferente a la del año anterior. Y ya van 44 ediciones de la rapa das bestas, una fiesta «auténticamente gallega, que organizan sin ninguna ayuda» y que él aprovecha para reivindicar. Nada llena tanto su vida como Viveiro. Nació en el número 24 de la calle Fernández Victorio y vivió en Cariño, donde estaba destinado su padre, compostelano, profesor de orientación marítima en pósitos de pescadores. Y en 1956 le destinaron a Pénjamo, con gran alegría para su madre, viveirense.

Mientras cursaba el Bachillerato en la Academia Minerva entró a trabajar de acomodador en el cine Orfeo. «Guillermo, el guardamuelles, era un operador cinematográfico magnífico y me enseñó cómo funcionaba, hasta que se marchó y me quedé yo en la cabina», recuerda. De ahí viene su pasión por el mundo audiovisual, que acabó convirtiendo en oficio. Pero su devoción por el cine se manifestó a raíz del rodaje de la película Fuego, en Viveiro y el Porto de Bares.

«Julio Coll (el director) escogió la cabina de proyección más moderna, era la del Orfeo, y estuvo días pasando los copiones de Fuego; también le acompañé en Bares», evoca José Luis. Así se forjó su relación y así se introdujo en la técnica cinematográfica. Estudió Magisterio, impartió clase durante 14 años y del aula pasó a la red de centros de recursos audiovisuales, de la Consellería de Educación. «Preparábamos material audiovisual para los colegios, una innovación total (desde 1985)», explica. Después pasó a los centros de formación del profesorado, como asesor de tecnologías audiovisuales y de la comunicación (las actuales TICS). Hasta que en 2001 se creó en Santiago el Museo Pedagóxico de Galicia (Mupega) y ocupó una plaza de asesor técnico. Él y sus dos compañeros pusieron en marcha el museo, donde se jubiló, en 2011.

José Luis se abrió camino en un territorio complejo y desconocido, cuando no existían escuelas, formándose por su cuenta en Madrid en imagen, vídeo, posproducción y edición. Un capítulo muy importante de su trayectoria vital y profesional discurrió en Sada, en el centro Barrié de la Maza, donde pasó seis años en comisión de servicios, dentro de un programa pionero del Ministerio de Educación para implantar la Enseñanza General Básica, en los años 70.

Presentó un proyecto titulado El cine en el aula, que desarrolló junto a Miguel Castelo, director de cine. En Sada creó el grupo Raiola: «Grabamos (con chavales de 12 o 13 años, algunos se hicieron periodistas) en súper 8 documentales sobre artesanía, un mundo en fase de desaparición, como los zoqueiros de San Juan de Alba, en Vilalba». Y en 1978 filmó las procesiones de la Semana Santa de Viveiro, una película de más de una hora con entrevistas al cronista oficial, Enrique Chao Espina, el deán de la catedral de Mondoñedo, Enrique Cal Pardo, o Jotraque, autor del tema Catro vellos mariñeiros. «Me gusta contar cosas», dice. Más si tienen que ver con Viveiro y sus gentes.

José Luis Moar Rivera

65 años

Educador y asesor técnico del Museo Pedagóxico de Galicia, jubilado

Los viejos cañones de la fragata «Magdalena» y el bergantín «Palomo», rescatados por iniciativa de Luis Cebreiro, sobre cuya figura y obra prepara una exposición

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