«Mis primeras inmersiones fueron en Corcubión»

Nació en A Coruña, pero sus primeros recuerdos son de la Costa da Morte


carballo / la voz

Miguel San Claudio Santa Cruz reconoce que la elección de la arqueología subacuática no fue meramente vocacional, sino algo casi genético. «Cuando era niño prácticamente de lo único que oía hablar en casa era de barcos, de naufragios, de equipos de buceo... Evidentemente eso me marcó y me predispuso», cuenta el historiador, quien añade que en su caso, y en contra de lo habitual, «primero llegó el buceo y después la arqueología». No recuerda cuando aprendió a nadar, pero sí que de niño «jugaba en el pasillo de casa con unas botellas de plástico que me ponía a la espalda y nadaba pasillo arriba, pasillo abajo, imaginándome que estaba en el fondo del mar», dice con una sonrisa.

A su casa, explica, llegaron algunas de las primeras botellas de aire comprimido que hubo en Galicia. «Mi padre y mi abuelo fueron de los primeros buzos autónomos y siempre nos contaba que las primeras botellas se las trajeron directamente de París, de la casa Spirotecnic, que era la compañía de Jacques Cousteau. Llegaron en un vuelo de Iberia a través de un piloto amigo de la familia y se las compramos directamente al rey de Egipto, que era el presidente del primer club de submarinismo que hubo en el mundo», relata.

Culto, extremadamente educado y con excelentes dotes de narrador, Miguel San Claudio nació en A Coruña, pero sus primeros años, «inmensamente felices», transcurrieron en Corcubión, localidad a la que su familia se mudó cuando era un bebé. «Tenían una empresa dedicada al salvamento y al desguace de barcos y entre sus zonas de actuación estaba la Costa da Morte. A los meses de nacer yo mi padre fue llamado para encargarse del Jorge C, un mercante griego que se hundió en la punta de Caldebarcos. Después encadenó con los trabajos de la Ariete, la fragata de la armada española que se fue a pique en Carnota, así que la estancia en Corcubión se prolongó durante cuatro o cinco años», explica. De aquella época, cuenta, recuerda «la lluvia y las tardes en que íbamos a merendar al bar del cámping». También, dice, «la casa de Manuel Lago, que era un restaurante-bar-ultramarinos que había en Fisterra, y la familia de Valucho, con la que mantuve el contacto porque después fuimos a Corcubión a pasar muchos veranos».

Precisamente con el hijo de Valucho, Paco, realizó una de sus primeras inmersiones con traje y botellas. «Fue en Corcubión, haciendo pesca submarina en la zona del castillo del Cardenal, donde lo pasábamos en grande», cuenta. El título de buceo, reconoce, lo obtuvo más tarde, cuando cumplió la edad mínima requerida. «Hasta los 16 no pudo ser algo oficial», dice.

A la Costa da Morte volvió años después, a finales de los ochenta. «Volví con el profesor Martín Bueno, para colaborar en una campaña arqueológica», recuerda. Y regresó, de nuevo y ya como profesional y fundador de la empresa de arqueología subacuática Archeonauta, en el 2006. «Ese año comenzamos a hacer estudios continuados y exhaustivos y gracias al apoyo de mucha gente de la zona, pescadores y submarinistas con una sensibilidad especial que entiende que el patrimonio submarino puede ser una oportunidad de desarrollo para la comarca, logramos hacer grandes hallazgos arqueológicos». Entre ellos, cuenta con entusiasmo, «los restos de la flota de Padilla, de 1596, un conjunto de barcos muy interesante y de un momento histórico muy importante para el estudio de la historia marítima mundial».

Habla con un entusiasmo contagioso de la riqueza subacuática de la Costa da Morte, una ventaja que, asegura, la comarca debería poner en valor. «Es muy fácil rentabilizarla desde el punto de vista cultural. Casi todas las naciones del mundo tienen un ejemplo de su propia historia hundido en esta zona y eso es algo que se podría rentabilizarse muy fácilmente. Solo hace falta voluntad», asegura resignado.

«Si a un inglés le muestras un acorazado británico hundido al sur de Fisterra, o a un alemán le hablas de los 25 submarinos hundidos frente a nuestras costas seguro que estarán interesados en venir a vernos», añade.

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