El paisaje de O Salnés, un tesoro que disfrutar por todo lo alto

Desde 16 miradores se puede apreciar la riqueza de una comarca de mar y tierra


vilagarcía / la voz

Arousa nació de un despiste divino. Dice la leyenda que, cuando ya tenía modelado el mundo, Dios apoyó una mano descuidadamente sobre su creación y dio forma, así, a las rías gallegas. Con su gesto también imprimió carácter a O Salnés, un valle rico que el hombre no tardó en poblar, seducido por la fecundidad de la tierra y del mar. Aquellos habitantes primigenios, buscando quién sabe qué, dirigieron su vista hacia lo alto, descubrieron la impresionante estampa de Xiabre y Castrove, el grácil perfil de Lobeira, y sintieron una atracción que, pese al tiempo transcurrido, sigue atrapándonos. Los tres montes más altos de O Salnés figuran entre los puntos más visitados de la comarca. Y es que, ayer y hoy, el ser humano necesita en ocasiones sentir la inmensidad de lo que lo rodea.

En O Salnés hay dieciseis puntos desde los que disfrutar de unas vistas de altura. Empezamos nuestro recorrido con una discusión en el campo de golf de Meis sobre cuál es el mejor mirador del Castrove. El monte, rotundo, permite echar un vistazo de pájaro a las rías de Pontevedra y Arousa, al mar abierto, a tierra adentro. Todo depende del lugar que se elija. A no ser que decidamos subir el empinado camino hacia un puesto de prevención de incendios situado en la cumbre. Allí, girando como un caleidoscopio, podemos hacer un recorrido por los pueblos de O Salnés y Pontevedra, por las dos rías hermanas, por Ons y Sálvora. Y podemos apreciar como el hombre ha ido domando el paisaje, bien dotándolo del orden ondulante de los viñedos, bien abriendo grandes heridas en tierra viva como las producidas por las obras del enlace de Curro. Un poco más abajo, desde el mirador de O Castro, la ría de Pontevedra se deja ver a la distancia justa para poder jugar con la isla de Tambo como si fuese una pieza más de los clicks de Playmovil.

Molinos de viento

Desde Castrove se perfila, al otro lado del valle, el perfil de Xiabre, con sus laderas salpicadas por molinos de viento mucho más grandes que los que tuvo que afrontar Don Quijote. Y, más cerca de la ría, Lobeira. Subir los 221 escalones que dan acceso a la cruz situada en lo más alto de una cima rocosa tiene como premio disfrutar de una generosa visión de O Salnés: la belleza de la ría, las viviendas unifamiliares que emergen entre viñedos, las pinceladas de plástico de los invernaderos o el gran campo industrial que es el polígono de O Salnés.

Vilagarcía también se ve como un campo sembrado de mil viviendas y un gran puerto cuando se mira desde el alto de Meda, en Xiabre. Desde ahí el fondo de la ría desvela todos sus secretos: el perfil recortado de Rianxo, Cortegada y su corte de islotes, A Illa... Desde lo alto también podemos remontar el Ulla y deshacer el camino del río. Y también ese otro camino que algún día recorrerá el tren de alta velocidad.

Mirado desde Lobeira, Xiabre y Castrove, el

valle desvela todos sus secretos

Mirar al horizonte no fue siempre un ejercicio estético. En Lobeira, donde ahora una cruz recuerda a las víctimas del mar, se levantó antaño una fortaleza desde la que las miradas buscaban al enemigo. La ascensión hasta las cumbres de O Salnés también puede tener una finalidad práctica: en Xiabre y Castrove no faltan las antenas repetidoras. Y en el monte de Meis se ha instalado, también, un puesto de vigilancia antiincendios. Para el deleite queda el Faro das Lúas, un mirador en el que los comuneros han dejado huella.

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