«Aquí, en Pontevedra, en el primer mundo, hay necesidades»

Miguel pertenece al primer colectivo de personas en exclusión


pontevedra / la voz

Miguel Luque es andaluz y «gallego de adopción». Doce de sus 60 años los pasó en la calle, aunque desde hace tres, vive en una habitación por la que paga un alquiler de 200 euros. El delgado filo sobre el que se sostiene se complica si la Risga, en su caso de 399 euros, se retrasa. «Hace 37 días que no cobramos», cuenta. Luque es además enfermo crónico, con problemas de azúcar y tensión por los que tiene que medicarse. «Hoy, por ejemplo, ya no tengo para la pastilla de la tensión y voy a ir a Cáritas a ver si me pueden dar dinero para comprarla», indica.

De momento, aguanta con dinero prestado. «Pero cuando me venga la renta, entre pagar la habitación y lo que debo, puede que me queden 80 euros para acabar el mes», señala. «El ciudadano debe saber que aquí, en Pontevedra, en el primer mundo, hay necesidades, y aquel que esté bien puede caer en esta situación -advierte-. De buenas a primeras te puedes ver en la calle. Aquí hay un desfase que estamos pagando la gente que estamos en pobreza y exclusión social».

Nueva asociación

Miguel es uno de los miembros del grupo Boa Vida, el primero de Galicia formado por personas en situación de pobreza y exclusión social. La retirada por parte del Concello del Plan de Inclusión, en el seno del que surgió el grupo, es el motivo por el que sus miembros han dado el paso para constituirse en asociación, lejos de la Casa Azul que ha sido su punto de encuentro. Ahora se citarán en Rexurdir y en el albergue de Cáritas en Monte Porreiro, según disponibilidad, cada martes.

Su objetivo es que personas en situaciones de marginalidad sepan que hay un lugar en el que gente como ellos puede prestarles ayuda. «Los Servicios Sociales del Ayuntamiento, tras la retirada del Plan, sí siguen atendiendo a la gente, pero solo para hacer perfiles. El vehículo de inclusión, que eran los cursos, talleres y entrevistas con trabajadores sociales se ha retirado». Insiste en el carácter «filantrópico» del colectivo: «Nuestras actividades estarán enfocadas a la información, la formación, el atender a gente que social y economicamente está mal».

La asociación aúna a una veintena de personas y uno de sus principales focos será la ayuda a los sin techo. «Una de las actividades que vamos a hacer es ir a las zonas donde duerme la gente en la calle y llevarles mantas, café caliente...». Y pese a la precariedad con la que nacen, tienen la ilusión de crear un centro de día, «un local con duchas, ropa, para que esa familia que está viviendo de su trabajo y de pronto se ve en la calle, tenga un sitio donde estar y poder comer. Hay que luchar por ello, es lo que nos toca».

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