Un ministro de Exteriores poco diplomático


Un diputado socialista con experiencia en el Parlamento Europeo comentó el día que se conoció el nombramiento de José Manuel García-Margallo como ministro de Asuntos Exteriores que era un hombre de grandes conocimientos, pero demasiado directo con sus interlocutores. Sus pasos iniciales parecen corroborar la impresión del parlamentario del PSOE. En su primera visita como ministro a la que fue su casa durante diecisiete años, la Cámara de Estrasburgo, saludó al eurodiputado conservador británico Charles Tannock al racial grito de «Gibraltar español». Era una broma, pero su interlocutor, sorprendido, solo alcanzó a decir: «Ya hablaremos de eso».

La broma, sin embargo, no está tan claro que fuera tal. García-Margallo ha decidido dar la vuelta como un calcetín a la estrategia contemporizadora de España en los últimos años respecto a la colonia. En el primer encuentro que tuvo con su colega británico, el también conservador William Hague, dejó claro, según explicó él mismo, que el Gobierno de Rajoy va a «cambiar» la política sobre Gibraltar porque la que desarrolló el anterior Ejecutivo fue «una broma que ya se ha terminado».

Margallo quiere acabar con los circunloquios y, en coherencia, firmó el acta de defunción del Foro Tripartito, una instancia de diálogo que reunía en torno a la misma mesa a España, el Reino Unido y Gibraltar para tratar asuntos de cooperación. De las cosas de «los mayores», dijo el ministro, hablarán a partir de ahora Madrid y Londres porque los gibraltareños no tienen nada que decir sobre soberanía y jurisdicción territorial.

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