El milagro de Vilarmaior: con solo una farmacia y una panadería, cada vez tiene más vecinos

Sobrevivir al cierre perimetral. «Aquí non hai supermercado, nin onde botar gasolina, nin entidade bancaria... pero temos máis empadroados», dice el alcalde

José Luis Miño y Marisa París regentan este templo del pan, que reparte por varios concellos y donde también se preparan tartas muy populares.
José Luis Miño y Marisa París regentan este templo del pan, que reparte por varios concellos y donde también se preparan tartas muy populares.

La imposición de las fronteras municipales para frenar el coronavirus ha desvelado la curiosa idiosincrasia de algunos pequeños ayuntamientos. Si durante los últimos meses se hubiese levantado un muro real en los límites de Vilarmaior, sus habitantes apenas se habrían podido alimentar de pan, adquirir medicamentos en la única farmacia, y poco más. «Aquí non podes mercar conxelados, nin carne, se queres comer un bisté tes que ir a outro concello a mercalo», relata el alcalde de este pequeño municipio rural a medio camino entre A Coruña y Ferrol. Y si se quiere cumplir ese capricho de comer un buen filete de carne, más vale haber tenido la precaución de tener combustible en el depósito tras la última excursión a Miño, Pontedeume o Irixoa. No, aquí tampoco hay gasolinera.

 

Carlos Vázquez Quintián es el alcalde de Vilarmaior (PP) desde el año 2003. El Concello tiene 1.200 habitantes y una extensión de 31 kilómetros cuadrados.
Carlos Vázquez Quintián es el alcalde de Vilarmaior (PP) desde el año 2003. El Concello tiene 1.200 habitantes y una extensión de 31 kilómetros cuadrados.

Es lunes 22 de febrero, pasados unos minutos del mediodía. El alcalde consulta su móvil y sentencia: «Temos un menos». En un municipio así la imaginación se va rápidamente a un funeral, a un ataúd, a una esquela en el periódico, a un hombre o una mujer longeva que se despide para siempre. Error. «Tiñamos 6 e baixamos a 5». Se refiere a los casos de covid. Por mucho cruce de caminos que tenga este municipio, aquí el bicho asiático ha tenido poco músculo. Ahora, con las barreras de nuevo bajadas sus vecinos ya podrán salir a comprar ese filete, o alimentos congelados, o a cargar gasolina, de forma totalmente legal. Pero, ¿y durante todo este tiempo? ¿Cómo han sobrevivido los 1.200 vecinos de Vilarmaior? El alcalde vuelve a tirar del móvil. «Por esta aplicación». Muestra una app en la que se anuncian todos los bandos del Ayuntamiento de Vilarmaior, y en uno de ellos aparece un certificado con el cuño de la alcaldía por la que se informa «que neste Concello de Vilarmaior non temos establecementos de venda de produtos de alimentación (hipermercados, supermercados...) e tampouco sucursais de entidades bancarias». Cierto, tampoco hay bancos para ingresar o sacar dinero. Este documento ha sido el salvoconducto de los vecinos de Vilarmaior cada vez que acudían fuera de las fronteras para hacer la compra. Hacia Miño en su mayoría. «Pero nas parroquias de Grandal e Doroña quédalles máis cómodo ir á vila», señala el alcalde, Carlos Vázquez Quintián. A vila es como denominan aquí a Pontedeume.

Pero algo ha de tener un municipio así, sin apenas servicios, con núcleos muy pequeños y dispersos, para que se haya obrado un curioso milagro en los últimos meses. El alcalde -nos acompaña en el lugar de Feira do Tres- vuelve a tirar de teléfono y pide un dato a un funcionario del Concello. Reclama el número de nuevos empadronados desde que el covid se hizo europeo hace casi un año.

PAN DO TRES

«Notamos que hai máis xente desde entón, xente que tiña aquí a súa segunda residencia e optou por facer a casa habitual e agora viven aquí», explica José Luis Miño, el panadero de uno de los templos de este producto en la comarca conocido como Pan do Tres y que prepara con leña de todo tipo. Durante las últimas semanas el incremento de venta particular «coa xente que queda no concello» se compensa con el cierre de la hostelería. Más los caprichos de fin de semana de familias más lejanas. «Antes do peche aquí viña xente de Ferrol e Pontedeume a mercar o pan», explica José Luis, quien ha tenido siempre las fronteras abiertas por su condición de repartidor de pan por Miño o Monfero.

José Luis Miño y Marisa París regentan este templo del pan, que reparte por varios concellos y donde también se preparan tartas muy populares.
José Luis Miño y Marisa París regentan este templo del pan, que reparte por varios concellos y donde también se preparan tartas muy populares.

También reparte Juan Carlos Varela, dueño de la tienda Agrícola O Tres. En su caso no es que resista y haya sido testigo del cierre del bar de enfrente, o del banco, o incluso del viejo cine (en esta esquina sobrevive una vieja cabina de teléfono que nos traslada al siglo pasado). Es que él celebra en el 2021 los 25 años con su negocio de piensos y material agrícola, algo casi tan básico como la alimentación en un municipio de estas características. Sin haber escuchado antes al panadero José Luis, clava sus palabras sobre la evolución demográfica del pueblo: «Aquí había moita segunda residencia, e dende o confinamento a xente prefire vivir aquí». Miño y sus playas están a pocos kilómetros, los mismos que el enlace de la AP-9 para ir hacia A Coruña o Ferrol.

Juan Carlos Varela, de Agrícola O Tres, no solo no ha visto mermar su negocio sino que este año celebra los 25 entre sus clientes. «Cada vez repartimos máis», dice.
Juan Carlos Varela, de Agrícola O Tres, no solo no ha visto mermar su negocio sino que este año celebra los 25 entre sus clientes. «Cada vez repartimos máis», dice.

LA AP-9, A UN PASO

El alcalde amplía el espectro de nuevos residentes. «É que é un sitio moi tranquilo e coa autoestrada estás preto de todo, o aparellador cada vez ten máis traballo con xente que quere facer casa aquí», señala Carlos Vázquez Quintián que interrumpe la conversación para atender una llamada del Concello. Es el funcionario de antes.

-Cantos?

-(…)

-75? Vale, vale.

Es decir, el municipio sin supermercados, sin bancos, sin gasolineras, el concello donde comer un bisté necesita una excursión a otro municipio, ha visto cómo se han empadronado más de un 6 % de su población en el último año. Entramos en la farmacia para intentar entender este éxito. «Notamos más gente, y durante este último cierre hemos vendido más de lo habitual», señala Adriana Cortés. La farmacia no es 24 horas. «Como no tenemos PAC, no estamos obligados a hacer guardias nocturnas». En el cristal exterior leemos que quien necesite medicamentos esa noche deberá desplazarse a Betanzos, a aproximadamente unos 18 kilómetros.

Pero la población sigue aumentando. Es la paradoja de Vilarmaior. Un municipio que crece en población pese a no tener algunas cosas básicas del día a día. Que se lo digan al alcalde. Ganó las últimas elecciones sin oposición. Literalmente. El Partido Popular se llevó los nueve concejales del consistorio porque fue la única papeleta que tenían los vecinos. Nadie más se presentó.

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