El milagro de Vilarmaior: con solo una farmacia y una panadería, cada vez tiene más vecinos

VILARMAIOR

José Luis Miño y Marisa París regentan este templo del pan, que reparte por varios concellos y donde también se preparan tartas muy populares.
José Luis Miño y Marisa París regentan este templo del pan, que reparte por varios concellos y donde también se preparan tartas muy populares. MARCOS MÍGUEZ

Sobrevivir al cierre perimetral. «Aquí non hai supermercado, nin onde botar gasolina, nin entidade bancaria... pero temos máis empadroados», dice el alcalde

08 mar 2021 . Actualizado a las 10:47 h.

La imposición de las fronteras municipales para frenar el coronavirus ha desvelado la curiosa idiosincrasia de algunos pequeños ayuntamientos. Si durante los últimos meses se hubiese levantado un muro real en los límites de Vilarmaior, sus habitantes apenas se habrían podido alimentar de pan, adquirir medicamentos en la única farmacia, y poco más. «Aquí non podes mercar conxelados, nin carne, se queres comer un bisté tes que ir a outro concello a mercalo», relata el alcalde de este pequeño municipio rural a medio camino entre A Coruña y Ferrol. Y si se quiere cumplir ese capricho de comer un buen filete de carne, más vale haber tenido la precaución de tener combustible en el depósito tras la última excursión a Miño, Pontedeume o Irixoa. No, aquí tampoco hay gasolinera.

 

Carlos Vázquez Quintián es el alcalde de Vilarmaior (PP) desde el año 2003. El Concello tiene 1.200 habitantes y una extensión de 31 kilómetros cuadrados.
Carlos Vázquez Quintián es el alcalde de Vilarmaior (PP) desde el año 2003. El Concello tiene 1.200 habitantes y una extensión de 31 kilómetros cuadrados. MARCOS MÍGUEZ

Es lunes 22 de febrero, pasados unos minutos del mediodía. El alcalde consulta su móvil y sentencia: «Temos un menos». En un municipio así la imaginación se va rápidamente a un funeral, a un ataúd, a una esquela en el periódico, a un hombre o una mujer longeva que se despide para siempre. Error. «Tiñamos 6 e baixamos a 5». Se refiere a los casos de covid. Por mucho cruce de caminos que tenga este municipio, aquí el bicho asiático ha tenido poco músculo. Ahora, con las barreras de nuevo bajadas sus vecinos ya podrán salir a comprar ese filete, o alimentos congelados, o a cargar gasolina, de forma totalmente legal. Pero, ¿y durante todo este tiempo? ¿Cómo han sobrevivido los 1.200 vecinos de Vilarmaior? El alcalde vuelve a tirar del móvil. «Por esta aplicación». Muestra una app en la que se anuncian todos los bandos del Ayuntamiento de Vilarmaior, y en uno de ellos aparece un certificado con el cuño de la alcaldía por la que se informa «que neste Concello de Vilarmaior non temos establecementos de venda de produtos de alimentación (hipermercados, supermercados...) e tampouco sucursais de entidades bancarias». Cierto, tampoco hay bancos para ingresar o sacar dinero. Este documento ha sido el salvoconducto de los vecinos de Vilarmaior cada vez que acudían fuera de las fronteras para hacer la compra. Hacia Miño en su mayoría. «Pero nas parroquias de Grandal e Doroña quédalles máis cómodo ir á vila», señala el alcalde, Carlos Vázquez Quintián. A vila es como denominan aquí a Pontedeume.

Pero algo ha de tener un municipio así, sin apenas servicios, con núcleos muy pequeños y dispersos, para que se haya obrado un curioso milagro en los últimos meses. El alcalde -nos acompaña en el lugar de Feira do Tres- vuelve a tirar de teléfono y pide un dato a un funcionario del Concello. Reclama el número de nuevos empadronados desde que el covid se hizo europeo hace casi un año.