Una cita que reúne velocidad y espectáculo
08 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.R ozan los 100 kilómetros por hora y algunas pueden costar tanto como un coche de segunda mano. Las carrilanas poco tienen que ver ya con la imagen de aquellos vehículos improvisados que muchos asocian a este tipo de descensos. La Baixada de Valdoviño reúne hoy y mañana, en San Mamede, propuestas muy diferentes, desde modelos construidos con materiales reciclados hasta otros en los que sus propietarios han invertido miles de euros. «Hay aparatos que valen cinco o seis mil euros y hay otros que los haces en casa y con material reciclable», explica Diego Barcia, adjunto a la directora de la carrera. Más allá de las diferencias económicas, todos los participantes comparten un mismo objetivo: completar el recorrido en el menor tiempo posible. Sin embargo, la velocidad no es el único factor que marca la diferencia entre unos pilotos y otros. «Lo que hace que un piloto gane y otro no es la pericia del conductor, las características del vehículo y su preparación. Son muchos los factores que influyen», señala. Para garantizar la igualdad en la competición, la prueba se divide en diez categorías diferentes, cada una con requisitos específicos de peso, dimensiones y seguridad. «Si no cumplen las exigencias, no pueden participar», resume Barcia.
La seguridad prima en la organización. Según explica Barcia, el propio diseño del recorrido permite que el público siga la competición desde zonas elevadas y con buena visibilidad. «No hay muchos accidentes. Sí que hay alguna que otra incidencia, pero nada grave», asegura. Pero la competición no se limita a las carrilanas más rápidas. La prueba reúne vehículos muy distintos y cuenta también con una categoría de simpatía, en la que se premia la originalidad de los diseños. «Se ven todo tipo de vehículos: elaborados, sencillos, rápidos, lentos...», destaca Barcia. El espectáculo, sin embargo, está garantizado. «Hay una zona en la que vuelan y otras en las que la mayoría derrapan», explica. Saltos, velocidad y derrapes forman parte de una cita que cada verano transforma Valdoviño en el gran escaparate de las carrilanas. Porque más allá de quién gane la bajada, buena parte del atractivo está en ver todo lo que puede llegar a hacerse sobre cuatro ruedas y sin un solo motor.