Hosteleros de la comarca de Ferrol ante la falta de personal: «Hai que coidar moito aos traballadores»

ANA F. CUBA FERROL / LA VOZ

VALDOVIÑO

En la cafetería y heladería Stollen Lamas, en la plaza Real de Pontedeume, buscan personal para la barra y las mesas
En la cafetería y heladería Stollen Lamas, en la plaza Real de Pontedeume, buscan personal para la barra y las mesas JOSE PARDO

Los empresarios sortean las dificultades para encontrar mano de obra ajustando el servicio a su capacidad real, acotando la terraza o restringiendo cenas

30 may 2024 . Actualizado a las 23:14 h.

En el restaurante El Gitano, en Valdoviño, esta es la primera vez en varios años que tienen la plantilla «más o menos cubierta». «Siempre hace falta más gente, pero vamos solucionando, hubo bastante actividad en invierno (a diario, con el menú, y sobre todo los fines de semana) y hemos podido aguantar al personal. Eso te da más estabilidad. Ahora acabamos de coger a una chica y de momento estamos servidos», cuenta Charo Vergara, ya jubilada pero atenta al negocio familiar.

Clotilde Domínguez también se ha retirado, tras casi cuatro décadas en A Cepa, el negocio de Cariño que ahora gestiona su hija María del Mar. «El personal sigue siendo un problema, no se encuentra. Hemos puesto un anuncio en el escaparate y a ver si viene alguien... Cada vez hay menos gente para trabajar y los que aparecen o están estudiando (quieren ganarse un dinero en verano, pero no son profesionales y con el apuro no valen aprendices) o son extranjeros sin papeles, tardan mucho en darles la documentación», comenta.

Camareros con experiencia hay pocos para cubrir un puesto temporal, y en julio y agosto, «con la avalancha de clientes, hacen falta». Sin plantilla suficiente, «habrá que tomar medidas y dar menos servicio o prescindir de las cenas», apunta Domínguez. Laura Fernández, que comanda el mesón O Malecón y La Terraza de Laura, los dos locales en la Alameda de Ortigueira, ha optado por reducir mesas en la terraza. «Hasta valoré no servir comidas fuera, pero después decidí que sí, pero menos. Tengo 14 empleados y me voy a mantener así, necesitaría alguien para la cocina (para todo el año), pero no hay (ni cualificado ni sin cualificar), y un camarero. Prefiero comer en invierno... el verano es muy duro y si no hay quien trabaje hay que arreglarse», razona.

«Haré lo que pueda»

En la Taberna do Jojó, en Cedeira, necesitan un ayudante de cocina. Y en el restaurante Brisas, en Valdoviño, «algún extra para los fines de semana». Su responsable, Roberto González, sostiene que la gente «no quiere trabajar» y eso que, asegura: «Pago bien y comen bien». De momento, no ve urgencia —«no hay turismo»—, lo mismo que le ocurre a Luis Galdo, propietario del Planeta, en Espasante. «Buscaré cuando me haga falta, de poco sirve que se comprometan ahora si luego, la semana anterior a incorporarse, te dicen que no. Tenemos personal fijo-discontinuo y es con esa gente con la que tengo que cumplir. Turistas no veo. Si necesito y no aparece nadie, haré lo que pueda».

Esa es la idea más extendida en la hostelería de la comarca. Los empresarios parecen haber aprendido la lección y tienen claro que deben adaptar la carga de trabajo al equipo disponible, y no al revés. Manuel Romero, del mesón A Granxa, en San Sadurniño, pretende aguantar con la plantilla fija, 14 personas: «No inverno son de máis e no verán imos máis xustos. Os luns pechamos; de martes a xoves só abrimos para as comidas; e venres, sábado e domingo, todo o día».

Entiende la resistencia a enrolarse en este sector: «O 95 % da clientela é marabillosa, pero hai quen non te valora nada. Tes que coidar moito aos traballadores, un camareiro ten que cobrar máis ca outros empregados porque traballa en festivos e en fins de semana». E insiste en desmontar el «runrún» que asocia a «hostaleiros con negreiros», aunque algún caso conoce.

José Rodríguez, del chiringuito El Pinar, en Cabanas, dice que nunca ha tenido problemas para conseguir personal: «Hay que darle a la gente lo que le corresponde, en salario y en horas libres, nada más». En esta misma localidad, Francisco Carpente, de El Chiringuito, La Solana y la brasería Labora, reconoce que «cada vez es más difícil conseguir gente exclusivamente para el verano», y para solventarlo se ajusta a los intereses de cada uno: «Que quieren seis horas al día, pues seis horas».

En Pontedeume hay varios establecimientos que buscan camareros. En la cafetería Stollen Lamas, en la plaza Real, falta personal para detrás de la barra —«que sepa hacer todo tipo de cafés»— y para servir mesas. Uno de los jóvenes que se han formado en el curso exprés de dos meses impartido por el CIFP Fraga do Eume hará aquí las prácticas, durante diez días, y Toci Lamas confía en que «funcione, para poder contratarle». «El problema —constata— es que en invierno solucionas con cinco y en verano te hacen falta nueve o diez».

José, camarero: «Empecé con 14 años y tengo 52, trabajas los festivos y es muy sujeto, es para gente con vocación»

En realidad no se llama José. Su testimonio es real pero prefiere no dar su nombre. «Empecé a trabajar en la hostelería con 14 años y hoy tengo 52. Llevaba tiempo en otro sector pero me han vuelto a enganchar porque me ofrecieron dinero. Por suerte, me quieren los locales. Me convencieron por la oferta económica y porque en el anterior trabajo tenía que hacer muchos kilómetros cada día y no compensaba», explica. Sus condiciones son buenas, pero aun así, apunta, «trabajas festivos y fines de semana, y sigue siendo una profesión muy sujeta. Para la gente joven con pareja... es complicado. Esto es para gente a la que le guste y tenga vocación».

De no ser por la remuneración y porque así evita los desplazamientos, no se hubiera cambiado. «Si no, no tocaba más la hostelería, pero siempre acabo en lo mismo [...]. Valoro el tiempo libre más que el dinero, pero también lo necesito. Estoy a gusto y se me da bien, tengo la suerte que la gente [empresarios] se me rifa, en este sector y en otros en los que he trabajado. Confían en mí y me siento un privilegiado. Tengo don de gentes y soy amable, pero cuando salgo de aquí [del local] estoy contentísimo. No porque aquí esté descontento, me gusta, tengo el aprecio de los compañeros y del jefe...».

«Mal pagado y muchas horas»

Este veterano entiende que la gente joven rehúya la bandeja y la barra: «El problema es que está mal pagado y son demasiadas horas. Cuando empecé yo había muchos chavales que trabajaban, hoy pocos, y te duran una campaña de verano. Que te ofrezcan algo para todo el año es difícil».