De comercial por toda Galicia a agricultor en Valdoviño: «No echo de menos nada, soy feliz»

ANA F. CUBA VALDOVIÑO / LA VOZ

VALDOVIÑO

César Toimil

El ferrolano Gonzalo Rodríguez, de 42 años, lleva casi cuatro en la horticultura en Sequeiro, ahora con explotación propia

30 nov 2023 . Actualizado a las 04:14 h.

Gonzalo Rodríguez (Ferrol, 42 años) estudió Administración y Dirección de Empresas y llevaba tiempo trabajando de comercial en el sector de las telecomunicaciones cuando se decidió a dar un giro a su vida. «Era un intermediario de servicios y quería hacer algo en lo que pudiera tenerlo todo más controlado, la producción, la venta... Fueron años de romperme la cabeza. Y cuando nació mi niña, hace cuatro años, trabajaba mucho en Vigo, hacía muchos kilómetros... la carretera siempre me había gustado, pero acumulaba cansancio y algún día notaba que se me cerraban los ojos conduciendo», relata.

Entonces pensó: «Esto hay que ir jubilándolo». En Valdoviño, en la casa de su bisabuela paterna, «siempre se había cultivado», y él y sus hermanos iban detrás de su padre cuando plantaba. «Tenía ganas de cambiar, buscar un trabajo del que disfrutar (aunque el anterior me encantaba, tratar con gente y relacionarme se me daba bien) y me decidí», cuenta. El proyecto arrancó en febrero de 2020, semanas antes de la declaración del estado de alarma por la pandemia, en una explotación de alquiler en el municipio de Narón. «No fue un año espectacular, pero sí lo suficientemente bueno como para saber que podía tirar por esto», explica. «Era la arrancada, pero como hay déficit de productores, en cuanto saben que estás empiezan a llamarte de todos lados», apunta.

Aquel primer año, en plena crisis sanitaria, le sirvió para comprobar que la horticultura «tiene potencial», entre otros motivos por la falta de relevo generacional en el campo. La senda ya estaba abierta y el siguiente paso era montar una instalación propia: «Compré una parcela en Sequeiro [Valdoviño], porque está a medio camino entre Ferrol [donde vive] y Vilarrube, donde tienen la casa mis padres».

La ayuda de la Xunta

Allí, gracias a las ayudas de la Xunta para la incorporación de menores de 40 años a la actividad agraria (cuando la tramitó aún estaba en esa franja de edad) y del plan de mejora para inversiones en explotaciones agrícolas, montó su invernadero de tres mil metros cuadrados (dentro de una finca de siete mil). Reconoce que, sin el apoyo de la Xunta, a través del Fondo Europeo Agrario de Desarrollo Rural (Feader), hubiera resultado «inviable iniciar la actividad». Ahora está pendiente de cobrar la subvención, concedida desde hace un año. Aparte del cultivo bajo cubierta, dispone de cerca de dos hectáreas de superficie, de parcelas cedidas por los vecinos, para plantación al aire libre.

César Toimil

Su propiedad se encuentra entre los lugares de A Bedoxa y San André, y este último es el que da nombre a su marca, Horta San André. Gonzalo cosecha productos de temporada: «Ahora estoy con repollos y lechugas dentro, y nabizas fuera; y en verano, lechuga, judía plana y tomate». Subraya que está en fase de «iniciación, probando», aunque ya ha recorrido un buen camino. Empezó vendiendo a una cooperativa, pero sintió que no encajaba y optó por canalizar la producción a través otro productor, y tampoco resultó. «Me fui a Mercoruña, hablé con puestos y mayoristas, y todo el mundo me dijo que al día siguiente ya me recogían el producto». Tras asesorarse con otra gente del sector comenzó a trabajar con un mayorista importante y también con una de las verduleras que ocupan las mesas centrales del mercado coruñés.

EcoComedores, de Seitura 22

A mayores, este agricultor novel acaba de incorporarse a la Red EcoComedores, del Grupo de Desenvolvemento Rural Seitura 22, para suministrar verduras y hortalizas a los centros educativos que participan. La huerta se ha convertido en su medio de vida —«no es una segunda actividad, es a lo que me dedico»— y ve margen de crecimiento «porque no hay gente produciendo y te llaman constantemente preguntando si tienes excedente». De hecho, ya piensa en ampliar. Al principio dudó si cultivar en ecológico —«por convicción era lo que quería»—, pero en los cursos realizados y las consultas efectuadas a técnicos del sector le disuadieron y optó por la agricultura convencional. En invierno cuenta con un empleado en la explotación y en verano llegaron a ser seis personas.

«De mi trabajo anterior ya ni me acuerdo, estoy muy contento —reitera—, apostándolo todo a que va a salir bien y empujando. No echo nada de menos de mi anterior vida profesional, me encanta esto, fue una apuesta algo romántica para poder sacarme de la carretera y estar más cerca de casa, ir al colegio si a mi hija le pasa algo o atender cualquier cosa... y así siento que soy feliz».