«A xente está pendente do reloxo a ver cando se ten que ir do bar para estar ás once na casa»

Sin partidas, por miedo al contagio, con toque de queda y aforo limitado, los vecinos de la zona rural van menos a las tabernas


VALDOVIÑO / LA VOZ

A Marisa Varela, responsable de Casa Capellán, en Monfero, no le gusta nada el toque de queda, no solo porque la obligue a cerrar el negocio a las once de la noche. «Soa tan mal, tan prohibitivo, que che cortan as liberdades, coma se tiveses que andar fuxido e apurado. A xente está pendente do reloxo, mirando que hora é, a ver cando se ten que ir do bar para estar ás once na casa. Crea unha sensación de malestar», comenta la jefa de cocina.

Los negocios de la zona rural se resienten por las restricciones aplicadas a la hostelería por la pandemia del covid-19. Sin partidas, por miedo al contagio, y con el horario y el aforo limitados, las tabernas han perdido clientela. «O bar, na aldea, é un lugar onde se socializa a xente. O 90 % dos veciños pasan o día sós nas granxas, só se relacionan coa súa familia, e así que acaban de facer o seu traballo veñen charlar un pouco, desconectar do día a día, é o punto de encontro», explica Varela. «E agora, xa sen contacto, e sen case poder falar e expresarse, crea angustia na xente», observa. En el restaurante también ha afectado: «Ceas, no inverno, xa non serviamos, e nas comidas tamén se notou, porque están seguido amedrentando á xente e criminalizando á hostalería».

En Casa Capellán, los domingos siguen dedicándolo al pulpo, con un profesional de Melide, Rubén Rodríguez. «Temos moito sitio fóra e un comedor grande, e a xente é a onde vai...», dice la encargada de los fogones. En Casa Rodrigo, en San Claudio (Ortigueira), tampoco dan cenas, salvo los viernes y los sábados. «Lo suplimos con la comida para llevar, con un servicio de reparto a domicilio», señala el propietario, David Doce. «También funciona mucho el táper para los obreros, los trabajadores que recogen manzanas vienen y se llevan la comida, el menú del día, y lo toman al aire libre, y alguna empresa también nos lo pide», detalla. Vaticina que «este será el futuro, a corto y medio plazo».

Los horarios del fútbol

En el bar faltan muchas pandillas, «gente de 60 y 70 años que venía a tomar los vinos cada domingo y que no los he vuelto a ver, ni aquí ni en otro local», cuenta Doce. Opina, sin embargo, que «la gente tiene ganas de salir y mucha no está concienciada, y si abres la puerta para ventilar se quejan de que entra frío. La confianza nos mata, como si los amigos no te pudieran contagiar». Algunos clientes se quejan del toque de queda porque no les permite ver el partido de fútbol completo y llegar a casa a las once.

María del Mar Picado, dueña del bar tienda Picado, en Mugardos, percibe «miedo» entre sus clientes, «gente de los alrededores, casi todos conocidos». «Si alguien falta nos preguntamos qué le habrá pasado, es diferente a una ciudad, el trato es más cercano» relata. Ella y su marido abren el establecimiento a las ocho de la mañana y ya lo cerraban antes a las once. Ahora han adelantado la clausura a las diez y cuarto para recoger y dar tiempo a la gente a volver a sus casas.

En el mesón O'Campo, en Moeche, también faltan caras habituales, «xente maior con algunha patoloxía, que agora queda na casa por medo ao virus», indica la propietaria, Carmen Gómez. «A partir das nove non hai ninguén, traballamos algo coa comida para levar, pizzas e racións, e xa adiantei o horario de cociña para que lles dea tempo a vir buscala ou tomala aquí». Comparte el diagnóstico de Casa Rodrigo: «Posiblemente, aínda que volvamos á normalidade, moita xente siga levando a comida, por comodidade». A algún cliente despistado tienen que recordarle que falta poco para que den las once.

El joven cedeirés José Valiño lleva nueve meses al frente del teleclub de Vilaboa (Valdoviño), aunque solo ha podido trabajar seis: «Ya no hay partidas, porque los mayores tienen miedo, y la gente que venía de Moeche, Bardaos y los alrededores por la noche ya no viene». En el rural también arrecia el chaparrón.

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