«Mis años de misionero fueron los mejores, los más llenos de vida»

La parroquia de Santa Eulalia, en Valdoviño, rinde hoy homenaje a Celestino Carrodeguas Nieto en sus bodas de oro sacerdotales


FERROL / LA VOZ

Cuando era solo un niño, Celestino Carrodeguas (Timiriaos, Valdoviño, 1945) se quedó impactado con una frase que leyó en un almanaque que su madre tenía colgado en la cocina. «Eran unos versos que hablaban de las misiones y fue entonces cuando se me despertó la vocación y empecé a soñar con ser misionero», cuenta echando la vista atrás.

Hoy aquel niño inquieto e idealista es un cura ya jubilado que puede enorgullercerse de haber cumplido parte de sus sueños y que, tras muchas vueltas por el mundo, ha querido regresar a su tierra natal para celebrar sus bodas de oro sacerdotales. La cita será hoy mismo (a las 12.30 horas), en la iglesia de Santa Eulalia -el mismo templo en el que fue ordenado sacerdote allá por el año 1969-, donde tendrá lugar una eucaristía concelebrada, tras la cual un amplio grupo de vecinos, amigos y familiares le rendirán un caluroso homenaje en el restaurante Brisas.

En sus cincuenta años de trayectoria como sacerdote, Celestino Carrodeguas tuvo muchos y muy diferentes destinos -desde Roma hasta Alicante, pasando por Madrid o Toledo, donde fue canónigo de la catedral al tiempo que daba clases de Historia de Derecho en la Universidad Pontificia de Comillas-, pero, si hay una etapa que marcó su vida, esa fue sin duda la que pasó como misionero en Venezuela y Colombia, entre 1970 y 1984. «Aquellos fueron años muy duros, pero también los mejores, los más llenos de vida», comenta el sacerdote, quien ahora, ya jubilado, vive a caballo entre Toledo y su Valdoviño natal.

Carrodeguas cuenta que fue entonces, durante los casi quince años que pasó en Sudamérica, cuando descubrió lo que es la «probeza extrema» y tuvo que enfrentarse a situación muy dolorosas: asesinatos, explotación sexual de menores, violaciones... Pero aquellos fueron también años de grandes satisfacción, porque, durante su estancia en Venezuela y Colombia, Carrodeguas pudo contribuir a hacer realidad proyectos muy necesarios, como la construcción de varios colegios y un centro social en los barrios marginales de Bucaramanga (Colombia) o la atención a niños y adolescentes en la cárcel de menores de Carmania, en Valera (Venezuela).

Todos esos recuerdos, y algunos más, los ha querido recoger el sacerdote en unas memorias que hoy mismo entregará a todos los que lo quieran acompañar en la celebración de sus bodas de oro sacerdotales.

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