Las gentes del mar proclaman su fe en la Virxe do Porto

La costa de Meirás, en Valdoviño, celebra una de las más hermosas romerías gallegas


Valdoviño

La costa de Meirás, en Valdoviño, uno de los más bellos y mágicos rincones del litoral atlántico gallego, celebró este domingo una romería que no se parece a ninguna otra: la de la Virxe do Porto. Durante la mañana, las gentes del mar rindieron homenaje a su patrona. Y, lo hicieron, naturalmente, ante la inmensidad del océano. Es decir: donde se abrazan el Mar Mayor y el Continente Europeo, que al fin y al cabo es donde está, firme frente a la historia como una auténtica oración de piedra -en lo alto de unas rocas, siendo tierra y mar y cielo al mismo tiempo-, la capilla en la que se custodia, durante todo el año, la imagen de la Virgen que se saca en procesión sobre las olas. Todo era emoción en Meirás. (Allí, en uno de los más imponentes enclaves de esa costa occidental gallega en la que, como decía Antonio Tabucchi, no es donde termina Europa, sino donde Europa comienza).

Eran poco más de las once de la mañana cuando la imagen de la Virgen fue traída en andas desde su capilla hasta hasta el lugar en la que se venera el día de la romería: la nave -el almacén-de quienes, en ese lugar de la costa, viven del mar: los percebeiros y los marineros. Allí, como también es tradición, se le erige un altar para celebrar su fiesta. Un altar que estaba completamente rodeado de flores; de unas flores cuyos pétalos alfombraban el suelo de la nave entera. Poco después de su llegada a la nave, a esa nave en tierra -y discúlpesenos el juego de palabras- cuyos ojos miran, también, al horizonte dibujado por el cielo y el océano, los fieles protegieron la imagen de la Virgen con manto de plástico transparente para que no le afectasen las salpicaduras del agua salada, y tomando las andas de nuevo la condujeron, a través de la playa, hasta la orilla del mar, en la que aguardaban las embarcaciones de la procesión, entre las que naturalmente se encontraba ya la que había de llevarla a ella. Y fue entonces cuando la Virxe do Porto volvió a surcar las aguas, de nuevo

Todo lo conmovedor

En verdad conmueve a cualquier, en días como el de este domingo, todo cuanto rodea, en Meirás, a la veneración de la Virxe de Porto. Realmente todo. Empezando por el momento en el que, en medio de la mayor de las soledades, de una soledad que sobrecoge, la imagen es trasladada, a través de los mágicos senderos que discurren alrededor de las dunas, hasta la Praia dos Botes. ¿Y qué decir de la procesión del marm que no se haya dicho ya...? El Meirás de Valdoviño es uno de los lugares más hermosos de Galicia (bien se podría decir, sin temor a exagerar, que del mundo entero), y el día en el que se venera a la Virxe do Porto sirve para recordar, a quien hasta allí va para ser testigo de todo aquello, que en verdad habitamos un Gran Reino.

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