«Só tomei dous vasos de viño e un chupito»

Álvaro Alonso Filgueira
Álvaro Alonso VALDOVIÑO

VALDOVIÑO

José Pardo

La Voz asiste a un control de alcohol y drogas en Valdoviño. Sigue habiendo casos curiosos como un conductor bebiendo cerveza al volante, pero apenas se da un positivo en una hora

14 may 2018 . Actualizado a las 23:36 h.

Son las cuatro en punto de la tarde en la AC-566, la carretera que une Narón y Cedeira. En el punto kilométrico 8,400, a la altura de Valdoviño, se despliegan en unos minutos. Tres patrullas, cada una con dos agentes, y un vehículo de atestados. Unos cuantos conos naranjas a ambos márgenes de la vía. Una bolsa de boquillas y un etilómetro para cada efectivo. Y listo. El control de alcohol y drogas puede comenzar.

No es un lugar cualquiera, sino que está escogido estratégicamente para que, sobre todo, no haya escapatoria. «Así, una vez que nos ven, ya no hay vuelta atrás», explica el sargento Jorge López, del destacamento de Tráfico de la Guardia Civil. La Voz acompaña al cuerpo durante una hora que tampoco está elegido al azar: el buen tiempo anima a salir con el coche después de comer y, además, en esta época se suceden las bodas y comuniones. A los diez minutos, las aplicaciones móviles ya están avisando.

JOSE PARDO

Lo primero que se nota son los nervios de casi todos los conductores cuando desde lejos ven unbrazo del agente levantado y el otro indicando que se eche a un lado. La mayoría no tienen nada que ocultar, pero hay volantazos, frenazos y caras de susto. «Non o esperaba e cando os vexo xa penso que pode ser calquera cousa», expresa Berto Lousada, acompañado de Teresa Sedes rumbo a Vilarrube. «Sempre» da negativo, también porque cuando bebe «conduce ela». Otro 0,0 es el de Carlos, que llevaba tres años sin soplar. «A mí no me suelen asustar, porque nunca tengo miedo de dar positivo», comenta.

A las 16.09 aparece el primer caso en el que detenerse, un conductor de edad avanzada que maneja el vehículo con dificultad. No obstante, da negativo, tiene los papeles en orden y puede continuar. Diez minutos después, salta el primer positivo, una mujer con un bebé que da 0,27 -el límite es 0,25 mg/l-. Por ello, se le traslada a la furgoneta, para tomarle la medida con el aparato de precisión, el oficial, en el que da 0,19. «Eso es porque trae el alcohol recién tomado. Entonces, dejamos un margen, la tasa baja y puede continuar», explica el agente Anselmo Basoa.

JOSE PARDO

Sobre las cuatro y media se empiezan a suceder positivos, uno de ellos, el único con sanción entre los 150 vehículos que pasaron por el punto en este control. Es un hombre de mediana edad que da 0,54, lo que se traduce en 1.000 euros de multa y seis puntos del carné. En la primera muestra dio 0,58 y por mucho que se esforzó en pasear por el arcén, poco descendió. «Fun comer despois de traballar, só tomei dous vasos de viño e un chupito, e xa din», lamenta, aunque la Guardia Civil cree que bebió algo más. Menos, aunque de otra manera, bebió un conductor que iba con una botella de cerveza en el coche. Solo había dado un sorbo, pero por haberla tomado poco antes del control, dio 0,46.

En el etilómetro de precisión, que detecta si es alcohol en boca, apenas dio nada. «Todo el mundo es más consciente. Yo ahora no tomo alcohol, pero cuando era joven cogí más de una vez el coche después de beber, no había casi controles», recuerda Máximo Horjales. Entre los jóvenes, Blanca Otero tiene claro que «nunca» va a conducir después de beber.

JOSE PARDO

Durante el control, los agentes también hacen una prueba de drogas a una persona con la tez pálida, por precaución, que da negativo. «La tasa es casi siempre muy baja, pero tenemos que seguir dando la sensación de vigilancia continua», resume el sargento Jorge López.