El hotel tanatorio de Valdoviño: 14 años atendiendo a turistas y a difuntos

La familia que regenta los dos negocios no ve incompatibilidad: «El 99 % de los clientes no dicen nada»

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En Valdoviño velan por los muertos y duermen los turistas en el mismo sitio Una familia levantó hace 14 años un edificio que es a la vez tanatorio y hotel, dos negocios que no existían en la zona

VALDOVIÑO / LA VOZ

A la izquierda, la puerta del tanatorio. A la derecha, separada por un muro, la del hotel. Son dos servicios que no existían en Valdoviño hasta hace 14 años y que desde entonces comparten edificio. La idea la ejecutaron Juan Souto y Encarnación Pantín, que ya tenían una funeraria y una floristería en el núcleo del municipio. «Lo construimos desde cero pensando en cubrir dos huecos que se necesitaban», explica Juan. Toda la zona dependía del tanatorio de Ferrol y solo existía otro hotel, pero en una parroquia alejada. Así que, desde el 2004, veintitrés habitaciones turísticas y tres velatorios comparten instalaciones.

«Tuvimos trabajo desde el primer día», asegura el propietario. Al matrimonio se le añadió su hija, Rosalía, para gestionar los dos negocios, además de otros que tienen en Ferrol y Pantín. «Aquí somos tres y estamos para todo, somos multiusos», dice Encarnación. Cada año atienden un centenar de entierros. El hotel abre del 15 de abril al 15 de octubre. Por lo tanto, desde el próximo domingo entrará gente por las dos puertas.

¿Y qué opinan los clientes? «El 99 % no hacen ningún comentario sobre el hecho de que estén los dos negocios juntos», asegura Rosalía. «El turista viene a lo que viene, a descansar, y no se preocupa de lo demás», añade su padre, que no hace caso a los prejuicios «desde hace mucho tiempo». «Es que tampoco es una fiesta lo que hay aquí abajo, no hay ruidos. No es una discoteca que les moleste. Es todo lo contrario. Entonces, quejas no hay», apunta Encarnación. Eso sí, a veces se dan situaciones de turistas que entran con las maletas en el tanatorio, se dan cuenta y salen.

Una estancia y la otra solo están unidas por unas escaleras traseras que utiliza únicamente la familia. El tanatorio está situado en el bajo, con unos velatorios en azul, rosa y beis, colores elegidos para dar un poco de alegría a la situación. El hotel tiene la recepción en el bajo -automática, sin la necesidad de que estén ellos- y un par de plantas. Mientras, el sótano común es el garaje para los dos coches fúnebres y almacén de los ataúdes. Al lado de los vehículos durmieron el pasado verano las tablas de los surfistas del Pantín Classic. Todo está pulcro y, de hecho, parece que está acabado de construir.

Los propietarios de la firma Souto y Pantín S. L., consideran que la unión «no tiene mayor importancia». De hecho, lo ven positivo para que la familia de un fallecido pueda quedarse a dormir y también desayune. «Son complementarios», subrayan. Y parece que se llevan bien.

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