«Veía que algún día estas tablas serían joyas»

La exposición de Enrique Artero en el Museo del Surf de Valdoviño termina este mes


Ferro

Cuando Enrique Artero visitó la exposición de tablas que se exhibe hasta finales de este mes en el Museo del Surf de Valdoviño, integrada por una parte de la colección privada que tiene en su casa de Barrica en Vizcaya, se emocionó. «Aunque las hayas visto alguna vez en alguna revista verlas in situ emociona. Yo en casa las tengo muy vistas pero es emocionante como se exhiben en ese espacio con esa luz y la playa de Valdoviño al fondo», reconoce.

Artero destaca la retrospectiva de esta colección que refleja la evolución de las tablas desde el arranque del deporte en Europa. «La primera es una Hobie americana del año 1958, cuando empezó el surf en Europa, y van sucediendo todo tipo de tablas hasta la época actual», describe.

Quien de un paseo por la muestra podrá ver también las primeras que se fabricaron en los talleres nacionales pioneros, sobre todo, en el País Vasco -«La fábrica de Orio del año 58, Santa Marina, Gerónimo, Pukas... que ahora dicen que es el taller más grande del mundo», comenta-. Ya que no se fabricaron un gran número, están de lo más cotizadas y destacan sentimentalmente y por su decoración personalizada. «Había muy pocos surfistas y sentimentalmente están muy cotizadas», recalca. También se pueden ver tablas americanas de los años setenta de los campeones del mundo de la época como Gerry Lopez. O ejemplos de la evolución del diseño de las propias tablas, «a tres quillas, luego las de dos, y luego ya las más parecidas a las actuales, las de tres quillas Simon Anderson», apunta.

Una de las más sentimentales es con la que Jorge Imbert ganó el primer Pantín Classic. «Me la pidió Vicente Irisarri y me acordaba que la tenía yo», cuenta. Pero no solo hay tablas históricas. «El final de la colección es una de Twiggy Baker que está muy de moda ahora, de los surfistas que cogen olas gigantes, que es la tabla que ganó el campeonato de La Galea que luego surfeó una ola en Belarra de veinte metros que llegó a partir la tabla, pero yo la arregle y parece que está como nueva», explica.

¿Cómo ha conseguido hacerse con una colección tan impresionante? «Soy vendedor de la marca Reef desde hace treinta años y he tenido la oportunidad de ir por toda la geografía de España e ir encontrando joyas que entonces eran tablas viejas que la gente no quería. Me fueron dando mis amigos, en los viajes a California compraba y sin darme cuenta tenía 80 tablas. Veía que algún día sería interesante, serían joyas», señala.

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«Veía que algún día estas tablas serían joyas»