Arturo Domínguez: «Soy muy sensible y lloricas, me emociono con todo»

BEATRIZ ANTÓN FERROL / LA VOZ

SAN SADURNIÑO

JOSE PARDO

Su vena creativa no tiene límites. Pinta, hace murales, imparte talleres y decora y diseña interiores de casas, tiendas y restaurantes. ¿Su estilo? «Sin duda, el dirty-chic»

28 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Restaurantes como O Muíño do Pepe, en San Sadurniño, o El Foro, en Ferrol, llevan su sello personal. Pero, a lo largo de su trayectoria, Arturo Domínguez también ha vertido su vena creativa en un sinfín de escaparates, decenas de murales, Las Meninas de Canido, y por supuesto, en las terroríficas carrozas del Samaín de Catabois, donde hasta hace bien poco tenía su estudio de decoración y tienda de pinturas. «En enero la cerré, porque con el covid bajaron mucho las ventas de pintura y el alquiler del local era muy caro. Además, mi actividad principal está centrada en el diseño de interiores, y ese es un trabajo que puedo hacer en casa, sin necesidad de contar con un local», explica el responsable del Estudio de Decoración Arturo Domínguez.

Aunque ahora su puesto de trabajo está en su casa de San Sadurniño, este naronés del barrio de Santa Cecilia sigue presidiendo ECHO Catabois, la asociación de que aglutina a empresarios, comerciantes y hosteleros de la zona. Seguramente, porque se siente comprometido con el barrio. Y porque, como dicen quienes lo conocen bien, «Arturo es buena gente». «Mi madre siempre me lo dice: de tan bueno, eres tonto. Es casi un defecto, aunque tal vez gracias a eso siempre me he sentido arropado y he contado con mucha ayuda en todos mis proyectos», confirma.

Con esa misma imagen de tipo empático y afable me marcho yo tras compartir con él mesa, charla y café en la terraza del Sarga, frente al mar de Curuxeiras. Allí Arturo rebobina en su memoria para viajar hasta su infancia, cuando descubrió su pasión por los pinceles. «De pequeño estaba todo el día dibujando y pintando. Y gran parte de la adolescencia me la pasé haciendo retratos para las novias de mis amigos», rememora sin ocultar que era «el típico niño repollo».