Un pueblo en la cima del voleibol

El Aldebarán de San Sadurniño, con apenas tres mil habitantes, representará a Galicia en la Superliga Masculina


Son el orgullo de un pueblo, el de San Sadurniño, un municipio que no llega a los tres mil habitantes, que ha hecho posible que Galicia, tras el descenso del histórico Vigo, vuelva a contar con un representante en la élite del voleibol español. Aldebarán, la estrella más brillante de la constelación de Tauro, es el nombre de un humilde club, que nació a finales de la década de los setenta por iniciativa de un maestro, Manuel Seco, en un colegio público de esta localidad de Ferrolterra. Cuarenta años después, con muchas historias de sacrificio y superación de por medio, hoy (19.30) debutan en la Superliga Masculina enfrentándose al Río Duero de Soria. De los tres mil habitantes del pueblo, más de un 25 % son socios del club, y un millar estarán apoyando a su equipo en este histórico partido.

Que el Aldebarán de San Sadurniño haya llegado a la cima no es un milagro, es fruto del duro trabajo y la ilusión de un grupo de personas que ha ido sorteando con gran pericia los obstáculos que se le han presentado en el camino. Lo hizo posible el empeño de un pueblo, que siempre ha sentido como algo suyo a este club, y el apoyo del Concello de San Sadurniño y de Intasa, una empresa local del sector de la madera, que nunca les ha dado la espalda. Uxío García, el capitán y vicepresidente del club (él mismo se define como un multiusos), asegura que todos están viviendo un sueño: «Nunca pensamos que puidéramos chegar a isto, aínda que no 2016, cando gañamos a Copa Príncipe, todo cambiou. Aí empezamos a crer que todo era posible. Chegar ata aquí é un soño feito realidade, un orgullo para nós, para San Sadurniño, e penso que para toda Galicia. Tamén é importante para o clube, que non é só o primeiro equipo, senón que contamos cunha das mellores canteiras de voleibol de España».

García explica el día a día de la entidad como un trabajo altruista por parte de gente que dedica muchas horas al club. «Eiqui todo un mundo fai de todo, dende o presidente, que tamén é o delegado, o que reparte a roupa, busca patrocinios, fai de cobrador e compra as cousas pra a cantina. Noutros clubes sería algo impensabel». Añade que no ha sido fácil reunir los 250.000 euros del presupuesto, ni tampoco fichar a jugadores cuando los salarios que ofrecen son de los más bajos de la categoría: «É máis fácil que volten nunha segunda etapa que fichar. Os que pasan por eiqui notan o cariño, o apego da xente, que os coñece e os saluda polo pobo. Sete dos nosos xogadores viven nunha vivenda rural. Son sete na misma casa, aínda que é unha vivenda grande, de pobo, que nola cede un veciño, Jesús Fernando, que traballa polo voleibol día e noite. Van comer a un restaurante, aínda que agora van ter unha cociñeira na casa, para controlar un pouco a súa alimentación».

Todos están sorprendidos por la repercusión mediática de su hazaña, piensan en saborear y disfrutar de este éxito con la mente puesta en la pemanencia en la máxima categoría. «Máis dun equipo vai levar un susto na nosa casa», vaticina Uxío, quien añade que el voleibol es un juego de equipo y «nosoutros imos xogar concentrados e faremos o que sabemos facer».

Una excepción en las principales ligas del deporte español

No hay muchos ejemplos en el deporte español de clubes de municipios tan pequeños que hayan llegado a la élite. Está Peñíscola, una localidad de 7.421 habitantes (aunque en verano multiplica por diez su población), que tiene un club en la Primera División de fútbol sala, Cabezón de la Sal, 8.345 habitantes, que también tiene un equipo de voleibol en la máxima categoría, u Ordizia, de 9.875 habitantes, que tiene un club de rugbi en la División de Honor.

El Aldebarán de San Sadurniño es una excepción. No hay un gran mecenas detrás, ni una gran empresa o un ayuntamiento rico. Hasta las ayudas de las instituciones, provinciales o autonómicas llegan con cuentagotas, pese a que representará a Galicia.

Penurias, un Opel Corsa y sin dinero para balones

El coruñés Charly Suárez es el entrenador de este equipo. Llegó en la pasada temporada, consiguió el ascenso y el club le premió con la renovación: «Ha sido un sueño cumplido para todos -indica el preparador-. Llegó fruto del trabajo y la superación de un grupo humano increíble. Las penurias económicas son grandes. Hay pocos recursos para los deportes minoritarios y nosotros, encima, somos de un pueblo muy pequeño. Recuerdo que cuando vinieron a hacernos un reportaje del programa Informe Robinson, me preguntaron que le explicara a alguien de fuera cómo era San Sadurniño. Tan solo pude decir, «llegas a una rotonda, subes una calle y hay unas cuantas casas. No hay mucho más». Sin embargo, todo este ascenso me parece una historia muy bonita, con mucho orgullo por detrás».

Insiste en que las estrecheces económicas lo condiciona casi todo: «Nuestro presupuesto no llega al 15 o 20% del que tienen muchos de los clubes de esta categoría. Hace unos días queríamos comprar 20 balones nuevos, aunque el presupuesto solo dio para cinco. Eso es el día a día. Los viajes son muy justos, te desplazas, juegas y te vuelves. Casi nunca estás un día antes para descansar y entrenar en la pista en la que vas a competir. Recuerdo un viaje en la pasada temporada a Badajoz en el que fuimos cinco personas en un Opel Corsa, y eso que son jugadores que rondan los dos metros. Me tocó conducir y más de una vez he pisado el pie de un jugador en lugar del pedal», indica Suárez.

Con dinero todo es más fácil, recuerda el entrenador: «Yo asumo nuestra realidad, al igual que el resto, trabajo el doble o el triple. Muchas veces al final de un partido viene el equipo técnico del rival a darme la mano, son cuatro o cinco personas. Yo estoy solo».

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