«Aquí hay mucha gente vendiendo y ninguna comprando»

Los vendedores del mercadillo de Recimil se quejan de bajas ventas, escaso control de las normas y poca vigilancia policial

Rosalía Míguez, de 85 años, vende verduras y frutas de su huerta de O Couto en Recimil. «Ahora la gente prefiere comida precocinada y ya no se interesa por la verdura fresquiña que tenemos aquí... Es una pena»
Rosalía Míguez, de 85 años, vende verduras y frutas de su huerta de O Couto en Recimil. «Ahora la gente prefiere comida precocinada y ya no se interesa por la verdura fresquiña que tenemos aquí... Es una pena»

ferrol / la voz

En un miércoles de noviembre, bajo un apacible sol otoñal, el mercadillo semanal de Recimil ofrece la imagen de un feirón lleno de vida. Aquí y allá grupos de señoras se arremolinan en torno a mesas repletas de gangas a diez o cinco euros, mientras en el aire resuenan curiosos y sonoros reclamos publicitarios -«no vayan a otro puesto, solo al mío, que aquí se vende barato, barato»- y muchos clientes reponen fuerzas con un café en los bares de la plaza. Sin embargo, todo ese bullicio apenas se nota después en el bolsillo de los vendedores ambulantes o, al menos, eso es lo que cuentan todos y cada uno de los operadores a los que se les pregunta por las ventas. «¿Que cómo va la cosa? Aquí hay mucha gente vendiendo y ninguna comprando», resume con sorna José Pepe Vallo, que vende kiwis, limones, tomates y pimientos de su huerta de Os Vicás en el mercadillo que se celebra todos los lunes y miércoles en el corazón del barrio de las Casas Baratas.

Comenzando el recorrido en esa misma zona -la dedicada a la venta de verdura, fruta y flores de pequeños productores-, José Manuel Guerreiro es el primero en ofrecer una radiografía de la situación actual. «Esto no va, se nota que no hay dinero y lo poco que se vende es a base de regatear», dice resignado. Junto a él, Rosalía Míguez -con 85 años y una simpatía capaz de desarmar a cualquiera- aporta un análisis basado en su larga experiencia vital en Recimil. «Llevo muchos años vendiendo la verdura de mi huerta, primero en el mercado de abajo (por el de A Magdalena) y desde hace veinte años aquí y la verdad es que ahora se vende mucho menos y hasta hay veces hay que llevarlo todo de vuelta a casa porque la gente no compra», dice mientras muestra orgullosa los frutos que le dan los tres «ferradiños» de terreno que tiene en O Couto: berzas, perejil, grelos, pimientos...

Lo que cuenta Rosalía suena parecido a lo que explica Carmen, productora de San Sadurniño, quien asegura que lo que vende a veces ni le llega para cubrir los gastos de gasoil. «Esto no tiene nada que ver con lo que era hace 25 años. Antes traía veinte madas de nabiza y vendía todas y ahora traigo cuatro y regreso a casa con dos», lamenta Carmen al tiempo que explica que si sigue acudiendo a Recimil es por el bien que le hace reunirse con sus compañeros para espantar la depresión.

Amable Vázquez, con treinta años de trayectoria en Recimil, es uno de los vendedores más veteranos
Amable Vázquez, con treinta años de trayectoria en Recimil, es uno de los vendedores más veteranos

En la zona de textil y zapatos, el panorama que pintan los operadores también es pesimista, aunque hay vendedores que aportan opiniones menos demoledoras. Amable Vázquez, que lleva treinta años vendiendo zapatillas y calzado en el feirón, se contenta con el que el negocio le dé para vivir. «Las ventas bajaron mucho por la crisis y, además, ahora hay más competencia que antes», explica sobre un mercadillo en el que hace años solo había payos y gitanos y que actualmente también tiene hueco para vendedores marroquíes y senegaleses.

Precisamente de Senegal procede Fallou Seye, quien junto su mujer, Raquel, se gana el pan recorriendo los mercadillos de la provincia con un puesto de bolsos y complementos. Como sus compañeros, ambos se lamentan de las escasas ventas en el feirón de las Casas Baratas, pero creen que tanto el Concello como sus propios compañeros podrían hacer mucho por mejorar la situación.

El senegalés Fallou Seye pide más presencia policial y un mayor control de los horarios en el mercadillo de las Casas Baratas
El senegalés Fallou Seye pide más presencia policial y un mayor control de los horarios en el mercadillo de las Casas Baratas

Raquel reclama más presencia policial -«que es nula»-, porque desde la monumental pelea con catana que tuvo como escenario el mercadillo el pasado mes de mayo «hay clientes que sienten inseguridad y tienen miedo de venir». Y Fallou reivindica que se cumplan las normas. «Hay vendedores que meten las furgonetas en el feirón, lo que está prohibido, y no solo eso, sino que a veces las ponen delante de sus puestos y se ponen a recoger muy temprano, a las doce o doce y media, y dan la sensación de que el mercadillo ya va a cerrar y espantan a la clientela», dice un operador que también se queja de que hay algunos vendedores trabajando sin licencia del Concello. «Yo pago mis autónomos, la tasa para poder vender en Recimil y cumplo las normas, pero hay gente que no lo hace y no pasa nada. No es justo», apunta el senegalés, quien como Raquel reclama más vigilancia. «En otros mercadillo de la zona sí se ven policías, como en el de Santa Cecilia, sin ir más lejos, y eso da tranquilidad».

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