Mario Torres, peregrino de 65 años: «Llevo 53 Caminos de Santiago, soy un adicto»

ANA F. CUBA PONTEDEUME / LA VOZ

PONTEDEUME

Torres recorre todos los años alguna ruta jacobea larga y tramos de otros caminos
Torres recorre todos los años alguna ruta jacobea larga y tramos de otros caminos CEDIDA

Este madrileño y su mujer, Belén Jiménez, gestionan dos albergues, en Pontedeume y Palas de Rei

14 feb 2024 . Actualizado a las 13:44 h.

El madrileño Mario Torres reconoce su adicción a lo que él y otros que comparten esta curiosa dependencia denominan jacobeína, una «sustancia espiritual» que aporta la ruta jacobea. «Llevo 53 Caminos de Santiago, soy un adicto», confiesa el promotor, junto a su mujer, Belén Jiménez, de Caminamos Contigo, una empresa creada en 2012 para organizar expediciones por cualquiera de los itinerarios que conducen a Compostela. Es también el nombre del alojamiento que abrieron en 2020 en la antigua casa de oficios de Pontedeume, cedida por el Arzobispado de Santiago de Compostela por 25 años.

Torres, de 65 años, descubrió el Camino de Santiago con 32. «Empecé a caminar porque en mi casa la última palabra siempre la he tenido yo —relata con ironía—; un día, sentado en el salón con mi mujer salió en la tele un anuncio del Xacobeo sobre los beneficios de hacer el Camino, mi mujer comentó que ella quería hacer eso, y yo le dije: ‘sí, cariño'». Compartieron aventuras de caminantes durante cuatro o cinco años, hasta que ella se cansó. Pero él siguió. «A mí me encanta, por conocer gente, vivirlo, me llena muchísimo... y a partir de ahí empecé a descubrir caminos, llegué a ser directivo de la Asociación de Amigos do Camiño, fui involucrándome...», comenta. Ahora comparte sus historias y vivencias en la ruta con los peregrinos que se hospedan en el albergue que gestiona en Palas de Rei, abierto desde 2019.

Su última experiencia arrancó el 1 de diciembre en Alicante y culminó el 17 de enero en Fisterra. «Todos los años hago uno largo y varias salidas para quitarme el mono. Necesito salir al Camino», recalca. Su intención es no parar: «Hasta que me muera. Estoy vestido de bandolero, tengo el corazón en cueros y le he dicho a la parca que nunca me he hecho viejo, aunque no haya dejado de intentarlo». Este ingeniero agrónomo jubilado, que trabajó toda la vida en el departamento de medio ambiente de Dragados, cuenta que la ruta más larga que ha recorrido fue de París a Fisterra, «77 días andando».

Y su mejor etapa, una que duró apenas un kilómetro, en Navarrete (La Rioja). «Salí del albergue, me encontré a unos haciendo una fogata, me llamaron para echarle un café, después vinieron los chupitos, la barbacoa... y a las siete de la tarde volví al albergue con una castaña... y ya ni me registraron, me mandaron a dormir», recuerda entre risas. Algún día caminó 60 kilómetros.

«Aunque vayas con gente, nunca te falta tiempo para dedicarte a los asuntos del corazón, como digo yo, ratos para andar solo, en comunión contigo, algo que tanto necesito y tan bien me hace, oyendo esa voz que tenemos dentro y que nunca queremos escuchar... Si todos hiciéramos el Camino, los psicólogos tendrían que buscarse otra profesión».