La joya románica de Doroña y la sombra de San Pedro de Grandal


A principios de los años setenta no era muy recomendable para los jóvenes pasear por las ciudades. Sobre todo si procedían de un Santiago que ya empezaba a recuperar su espíritu revoltoso. Así que quien más y quien menos o se quedaba en casa o buscaba la manera de salir a lugares donde la policía no le pudiera dar un susto. Y como la entonces temida Guardia Civil -nada que ver con la de ahora- tenía escasa movilidad, se buscaban enclaves rurales donde expandirse y hasta para hacer reuniones clandestinas.

Uno de esos lugares preferidos por un grupo de activistas de Ferrol y A Coruña era el castillo de Nogueirosa, en Pontedeume, que siempre facilitaba la coartada: estudiar arte era muy sano. Y como el día a veces se hacía largo, en aquellos viejos coches sin cinturón de seguridad y en los que tanto iban cinco como siete se descendía 700 metros por una pista sin asfaltar hasta la cercana Doroña. Hoy esa pista está asfaltada, claro, y parte de la recta que conduce al castillo arriba de todo.

Claro que también es posible ir a Doroña desde Campolongo -el cruce a tres kilómetros de Pontedeume-, pero haciendo caso omiso al desvío señalizado que surge al kilómetro y medio escaso. Es decir, se continúa de frente y pasado el punto kilométrico 3 aparecen las señales que invitan a desviarse a la derecha hacia la iglesia, ya a la vista.

Un tesoro. Una maravilla que tiene la suerte de que el cementerio no está encima de ella y que este, además, muestra un cierto estilo y muy poca altura, de manera que en absoluto tapa esta joya del románico. Muy amplio aparcamiento, césped para andar, granito impecable, espadaña lateral con dos campanas, gran tímpano (un Agnus Dei), un atrio de sobresaliente, asientos aquí y allá, ábside semicircular que hace abrir la boca de asombro. Y escasos visitantes, lo cual en estos días de precaución con las relaciones sociales constituye todo un lujo añadido.

Por sí mismo es un destino que justifica la visita. ¿Que se quiere conocer un poco más esta retaguardia del golfo Ártabro? Pues, amén de la citada fortaleza de Nogueirosa, en las cercanías espera otro templo, el de San Pedro de Grandal. O sea, tres kilómetros adelante por carretera ancha, en excelente estado y muy generosa en curvas.

El templo presenta un enlosado ante la fachada que es una muestra de cómo se hacen bien las cosas. Pero tiene también algo que sigue entristeciendo a aquellos jóvenes de los años setenta cada vez que regresan allí: una lápida en la fachada que parece decir que la ley no rige en Grandal. La Ley de la Memoria Histórica.

LA AVENTURA

Quedarse a ver una puesta de sol desde la iglesia de Doroña.

LA FOTO MÁS PERSONAL

En el atrio de Doroña

EL DESAFÍO

Lograr que se retire la placa de la fachada de San Pedro de Grandal

EL PASADO

Cuando se levantó el castillo de Nogueirosa ya existía la iglesia de Doroña. ¿Tuvieron relación sus usuarios?

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