«De niños, deseábamos que llegasen las Festas das Peras por los callos y la bizcochada»

Mayores de Pontedeume recuerdan cómo se vivían las fiestas durante su infancia y el profesor Carlos de Castro repasa los orígenes, que se sitúan en el siglo XIX


PONTEDEUME / LA VOZ

En Pontedeume ya se percibe el ambiente festivo, que se vive con alegría, aunque tal vez no tanta como la que sentía Manuel Agras Fernández, Chacho, eumés de 85 años. «De niños, estábamos deseando que llegasen las fiestas para comer los callos y la bizcochada, porque las cosas no andaban muy bien. Ya entonces había cinco días de fiesta, que primero se celebraban en la plaza de San Roque, conocida como La Calzada, después en la Alameda de Raxoi, y en los últimos años, porque ya no cabían los camiones de las orquestas, en la plaza do Conde», cuenta. Pero si algo entusiasma a los pequeños, a los de entonces y a los de ahora, «son los mómaros y los cabezudos».

Agras destaca la cucaña marítima, tradición que también se conserva, como otro de los momentos clave de las Festas das Peras: «Había un señor, Manolo, conocido como Lepente, que, aun siendo ya muy mayor, lo hacía muy bien, era un gran cogedor de la bandera [que se coloca en el extremo de un palo embadurnado de sebo, por el que hay que trepar para tratar de alcanzarla]; cuando el palo se iba secando se gritaba ‘sebo al palo’, para volver a echarle». Y alude a la figura del galán, que se quema al final de la cucaña, seguido de una traca. Sin olvidar la gira por el río Eume: «Salía sobre las diez y volvía entre las seis y las siete de la tarde, todo el mundo en lanchas, a remo o a motor».

A José, eumés y sexagenario, las fiestas también le devuelven a la infancia: «A cucaña acórdoa de neno, xa hai fotos en branco e negro nas que se ve a ponte chea de xente, igual que pasa agora... E os fogos tamén, toda a vida foi igual, acórdome de vir velos con meus pais. O concurso de froita xa é algo máis recente, dunha época que había moita abundancia, porque daquela coidábase, hoxe as mazás caen da árbore sen lograrse e cando eu era neno duraban ata a Semana Santa, gardábanas no faiado con palla e ulía todo a mazá».

El profesor de Historia del IES Breamo Carlos de Castro (Castil de Vela-Palencia, 1960), que vive en Pontedeume desde 1991, ha indagado en el origen de las Festas das Peras. «Las fiestas populares tal y como las conocemos hoy datan de la segunda mitad del siglo XIX [antes las organizaban las cofradías] y hay un escrito de 1868 en el que se cuenta que se iban a suspender, por la revolución, y el Ayuntamiento eumés pidió que se pudieran celebrar porque era fundamental para la venta de productos y si no supondría un gran perjuicio para la villa», narra. «La primera fiesta era la de la Virgen de las Virtudes [la Patrona] y después se sumó a San Nicolás de Tolentino, al que se atribuye el milagro o la leyenda de haber parado el incendio de 1621 [en 1606 un fuego ya había arrasado todo el pueblo, salvo una treintena de casas], y es el copatrono. Es curioso, porque la iglesia de Pontedeume está dedicada a Santiago, pero aquí no se celebra». De San Nicolás de Tolentino viene la tradición de bendecir los bollos, que el cofrade (distinto cada año) reparte entre la gente para que proteja sus viviendas.

De Castro apunta que el concurso de fruta arrancó en 1955, «un año con una cosecha excepcional, para dar salida a ese excedente». Los mómaros se conservan, como el galán (más reciente), y ha desaparecido la costumbre de elevar pequeños globos aerostáticos con una candela en el interior, «que aún estaba vigente a principios del silgo XX».

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