Pontedeume presume de proia

La panadería Patricio, fundada en 1936, divulgó este dulce tostado y crujiente en la feria del Camiño Inglés


PONTEDEUME / LA VOZ

«Vén de moito atrás, pero a orixe exacta non a sabemos; uns din que uns monxes trouxeron a proia [dulce] e a costrada [salada, una especie de empanada de varios pisos y abundante relleno] para Pontedeume, e tamén se conta que desde moi antigo xa facían a proia veciños do pobo nas súas casas, cando cocían o pan, con masa de pan, manteiga de porco ou de vaca», relata Carmen Varela Martínez, dueña de la panadería Patricio, que el sábado promocionó en Miño la proia como el dulce más representativo de Pontedeume en la feria Primavera no Camiño Inglés, organizada por la Diputación.

Carmen sí tiene la certeza de que Purificación Martínez Corral y Manuel Vázquez Porta, los abuelos de su marido, Patricio Bouza Vázquez, ya elaboraban la proia en 1936, cuando montaron una panadería en el apeadero de Perbes, en Miño. El negocio acabó en manos de su hija Julia y después pasó al nieto, Patricio, y a su mujer, y hace 26 años se trasladó a Pontedeume, con el nombre actual (antes se conocía como la panadería del apeadero, de Pura o de Manuel).

Una lámina muy fina

«Miña sogra, no apeadoiro, facía unhas proias riquísimas [...]. En Pontedeume facémola en todas as panaderías e pastelerías, a min encántame, é un doce para comer só, de postre, de merenda, non ten condición ningunha, apetéceche comer un cacho a calquera hora do día. Iso si, para diabéticos non é recomendable», aclara Carmen. En origen, la proia «era gordiña, como a larpeira de Neda», explica. Con el tiempo se afinó hasta convertirse en una delgada lámina, tostada y crujiente. «É unha masa especial, feita con fariña, manteiga, auga, sal e algo de ovo; déixase repousar e unha vez que leveda, antes de metela ao forno, vólveselle a botar manteiga, azucre e nata por arriba. Nós non, pero hai que lle pon canela», describe.

Esta repostera insiste en que la proia hay que tomarla recién hecha: «É un doce do día, ao día seguinte pódelo comer pero perde o cincuenta por cento das propiedades e do sabor. Nós, se nos queda algo, ao día seguinte non a vendemos, é mellor quedar coas gañas de volvela a comer...». Los fines de semana y las jornadas festivas nunca falta en el despacho de la panadería Patricio [ayer, víspera de la romería de San Miguel de Breamo, había varios encargos], y el resto de días la elaboran solo si alguien la pide. Hay quien la prepara en casa, sobre todo gente mayor que conserva esta tradición confitera.

La larpeira, otra tentación

Del obrador de Carmen también sale la larpeira: «A nosa é exclusiva, especial, algo distinta da doutros sitios, e gusta moito, a xente que vén de vacacións encárganola para levala cando se marcha». Y los almendrados, pero hace tiempo que renunciaron a elaborar melindres, otro de los productos gastronómicos dulces más característicos de Pontedeume, «porque dan moito traballo, pero fanos nas pastelerías Obradoiro e El Carmen; aquí hai moi boas confeitarías», remarca. Para compensar el paladar con algo salado, Obradoiro y El Carmen se atreven con la costrada, igual que el restaurante Río Covés.

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