En Ortigueira

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro CAFÉ SOLO

ORTIGUEIRA

T.O.

Durante los últimos meses del año 1936 y a comienzos de 1937 Álvaro Cunqueiro residió en Ortigueira, en una de las etapas quizás más breves, pero sin duda más decisivas, de su vida. Llegó al Ortegal, con la Guerra Civil recién comenzada, huyendo del Mondoñedo en el que temía ser represaliado por su militancia galleguista. Y en Ortigueira, donde contaba con la protección de los sacerdotes de esa zona, no solo se sintió a salvo, sino que experimentó una profunda transformación personal que acabó por convertirlo, con el apoyo de Jesús Suevos, en un profesional de la escritura.

Fue aquel, como salta a la vista, un momento decisivo en la vida de Cunqueiro, un escritor que es tan grande, tan grande, que no se acaba nunca. Un maravilloso creador —maravilloso también en el sentido que le dieron al término desde Todorov hasta Antón Risco: el que habla de la convivencia, y hasta de la connivencia, entre el mundo gobernado por las leyes de la Física y la frecuente presencia del milagro— que desde aquel momento, y hasta el fin de sus días, iría publicando en lo periódicos buena parte de sus más hermosas páginas.

Ortigueira, de la mano de la Asociación Terras de Ortegal, y especialmente gracias a la labor de Manel Bouzamayor y de Xosé María Torres (con la colaboración de otro gran cunqueiriano más, Manuel López Foxo), se prepara ahora para celebrar, en octubre, un congreso que rescate del olvido aquel momento fundamental de la vida del autor de Merlín e familia. Casi un siglo después, Cunqueiro —ese autor tan grande, tan grande, que hay que tomar distancia para poder verlo de verdad— regresa a casa en Santa Marta.