José M. Bermúdez, práctico jubilado: «En Ortigueira, en los 50 y los 60 venían los motoveleros con abono, cemento y sal, y se iban cargados de madera»
ORTIGUEIRA
Este ortigueirés aprendió y heredó el oficio de su padre, y lo ejerció en Ortigueira, Cariño y A Coruña, donde se jubiló en 2014
16 nov 2025 . Actualizado a las 13:33 h.A José Manuel Bermúdez Garrote (Ortigueira, 1950), maniobrar le gusta desde niño. Su padre era práctico (de 1945 a 1950, en Cedeira, y desde entonces hasta la década de los 70 en Ortigueira y Cariño) y de él aprendió el oficio que también acabó heredando. El segundo de cinco hermanos es capitán de la Marina Mercante y la lesión sufrida en un pie cuando navegaba en la compañía Trasatlántica Española le dejó en tierra, un parón temporal que acabó siendo definitivo.
«Mi padre ya estaba enfermo y no podía ir a los barcos y yo, con una férula, aguantaba, y el ayudante de marina me dijo si podía ir a atenderlos, y así empecé», recuerda. Años antes, cuando solo tenía 16, ya había ayudado a entrar a algún barco, junto a su tío. Aquella interinidad duró apenas cuatro meses, y en junio de 1979 fue nombrado práctico de número de los puertos de Ortigueira y Cariño, donde ejerció hasta 1995, cuando el director general de la Marina Mercante lo designó práctico del puerto de A Coruña, y allí se jubiló en 2014.
«Me gustaban mucho las maniobras, iba con mi padre a sondar la barra de Ortigueira, que tenía mucho tráfico en los años 50 y 60 porque venían los motoveleros, que traían abono, cemento y sal, y se iban cargados de madera para los puertos de Gijón y Bilbao, para las minas. Había meses de 25 y 30 barcos», repasa. Explica que en su etapa, «Ortigueira aún tenía actividad, con tres o cuatro mercantes de mil toneladas que iban a un taller que les hacía las reparaciones de los motores; aparte de los pesqueros de Espasante, que iban a cambiar los aparejos y prepararse para el bonito, y en octubre cambiaban para ir al pez espada y el marrajo, y después volvían para la palometa... eran 15 o 16 y calaban más que los motoveleros. Tenía que meterlos con mareas vivas en Ortigueira», relata. Espasante, señala, «era el único puerto pesquero de España sin puerto, porque no tenía espigón ni muelle de atraque (el que hicieron después fue tan mal hecho que donde había siete metros de calado ahora hay dos)».
El libro dedicado a Espasante
En 2024, Bermúdez Garrote publicó el libro Barcos del pósito y cofradía de Espasante, del que ya se han venido más de 700 ejemplares. «Lo escribí porque mi padre les dio clase al 95 % de los patrones de Loiba, Cedeira y Cariño. Recuerdo, con menos de diez años, ver a toda esa gente en mi casa estudiando. A muchos les tenía que enseñar a leer y escribir... en el mar todos somos una familia», remarca. Él también formó a patrones y marineros de Espasante y Cariño, en los años 80, contratado por la Xunta y por el Instituto Social de la Marina. Así, y como agente de seguros, compensaba los escasos ingresos que percibía como práctico. «El consignatario me decía: ‘Dan más cuatro barcos de mil toneladas que uno de cinco mil'. Y era así, pero en Cariño empecé a meter barcos cada vez más grandes, que venían de Avilés o Gijón con chapa naval para Ferrol y en vez de irse en lastre pasaban por Cariño y cargaban dunita (y aunque el flete fuera bajo, les daba para el gasoil y la tripulación). Y de veinte barcos pasé a cuatro o cinco, y me costaba mucho la vida, porque ya tenía familia».
La situación mejoró cuando se aprobó el pago obligatorio de un canon del 1,5 % «para todos los armadores en los puertos pequeños, para ayudar a protegerlos». Pero el gran cambio en la carrera profesional de este práctico llegó en 1995, con su traslado a A Coruña, donde también dio clases del máster de Derecho Marítimo durante 13 años. «Las tarifas (antes las fijaba el Ministerio de Defensa y luego pasaron a las autoridades portuarias) eran bajas, pero había mucho tráfico [...]. En Cariño, el problema era la falta de medios, y los barcos pequeños eran más peligrosos porque cuando venía una ola casi estabas encima (con tu embarcación). En A Coruña te pueden dar protección, tienes una amplia bahía donde puedes gobernar. Hoy todo ha evolucionado mucho en seguridad», destaca.
«Disfruté tanto maniobrando»
Su mujer, que es de Espasante, cuando llegaba a casa sonriente solía decirle: «Hoy pagabas tú». «Y sí, como hay Dios. Disfruté tanto que en vez de pagarme a mí el armador debía haberle pagado yo por dejarme maniobrar», confiesa. En tantos años de oficio vivió situaciones de peligro, en días de fuerte temporal, y en ocasiones, con grandes buques con alguna avería o capitanes poco avezados. Una vez tuvo que evacuarlo un helicóptero de un barco cisterna de los que habían ido «a chupar el crudo, cuando el Prestige», que logró sacar, con olas de diez metros.