Abel García: «Cuando llegué al consultorio de Mera había 1.200 pacientes, hoy ni la mitad»

El «practicante» se retira tras 27 años, 6 meses, 25 días y más de 500.000 kilómetros


Ortigueira

A Abel García López (Neda, 64 años) le llueven los piropos. Desde que anunció que se jubilaba no ha parado de recibir mensajes y muestras de afecto de sus pacientes del consultorio médico de Ponte Mera, en Ortigueira. «Había un enfermero que sonreía con la mirada», dejó escrito una mujer a la que atendió alguna vez en las guardias en el PAC de Ortigueira. Después de «27 años, 6 meses, 25 días y más de 500.000 kilómetros», este nedense se siente «más vecino de Mera que de Neda». Dejó su plaza en el Hospital Arquitecto Marcide para incorporarse al consultorio ortegano, a 34 kilómetros de su casa, «pensando en pedir el traslado lo antes posible a un centro de salud del área de Ferrol».

«Pero fue pasando el tiempo, me fui sintiendo cómodo, querido, valorado y respetado, y ya hace años que tomé la decisión de terminar aquí mi vida profesional», relata. Así se lo ha explicado a sus pacientes en una extensa carta de despedida. Ha repartido cerca de 800 entre usuarios del centro y compañeros (enfermeros y médicos), varias decenas a lo largo de casi 40 años de carrera. «Cuando llegué a Mera -evoca- había 1.200 pacientes [Ortigueira tenía 10.000 habitantes] y hoy no quedan ni la mitad [la población del municipio ha caído en similar proporción]».

La comarca vaciada

El practicante de Mera, como le conocen la mayoría, es capaz de repasar, «casa por casa», los nombres de los 500 «vecinos, pacientes y amigos» que perecieron en estos casi 28 años. «En todas las casas he visto morir a alguien, y eso, el sufrimiento, te une a la gente», comenta. Pronostica un vaciamiento aun mayor de las aldeas por las que se ha movido a diario: en Mera, Mera de Arriba, San Adrián, San Claudio, Feás, Landoi y Sismundi (estas tres últimas parroquias, de Cariño, con vecinos que prefieren acudir a Mera por la cercanía). Como en todo el rural, apunta.

Abel, que cerró la puerta de la consulta por última vez el 31 de octubre, se va agradecido «por el buen trato y el respeto» de sus pacientes, pero también de todos sus compañeros, los especialistas, los celadores, el personal de la limpieza y de las ambulancias del 061, y hasta los farmacéuticos, en especial los de la oficina de Mera. «Jamás tuve un problema importante con ninguno», remarca. Tampoco olvida a su «empresa», el Sergas, ni a sus jefes del área sanitaria y el resto de profesionales que trató. Ni a los políticos y técnicos locales.

El café de Casa Andrea

Si algo echará en falta es el café y la conversación en Casa Andrea, «el bar de Marisol», al pie del puente. En casi 40 años de enfermero solo faltó al trabajo siete días -«por un corte en un dedo con un lampo [palabra que aprendió en Mera] y una gripe que me tumbó»-. Sus tres coches respondieron al reto, hasta en las peores heladas por Moeche. En la zona nadie olvidará el Opel Astra gris, matrícula 0093 CPW, que aguantó 600.000 kilómetros. «Al cambiarlo me di cuenta de que la gente no me saludaba a mí, sino al coche; pasaba con el nuevo, pitaba y no me reconocían», cuenta entre risas.

Este nedense tardó poco en acostumbrarse a que los vecinos le dieran recados por la calle. «Consientes cosas que en un centro de salud grande no puedes, pero aquí nadie abusa», elogia. Recuerda a un paciente que justificaba los ocho chupitos por recomendación del cardiólogo, no de uno, sino de ocho, aclaraba. Destaca «el magnífico equipamiento» del consultorio de Mera. Incide «en las mejoras de estos años» y en la calidad de la atención primaria en Galicia; y apela «a un uso responsable» de la sanidad, «la mejor del mundo», en riesgo, teme, como las pensiones.

A partir de ahora acompañará a Mamen -la Santa, como la apodó en homenaje a Francisco Umbral- a la piscina, caminará -recorrió en 18 horas 70 kilómetros, de Neda a O Casón, el día de la Romaxe, bordeando la costa- y se dedicará a la huerta y a sus blogs -uno genérico y otro sobre judaísmo-. Además de cuidar a los nietos. Añorará la relación con sus pacientes, tan estrecha «que llegas a saber dónde tiene cada uno su vena [la buena, para las extracciones]».

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