Espasante, orgullo de árbol de Navidad

Gabi, que enseña «patchwork» desde el año 2000, y sus alumnas son las autoras del llamativo árbol de la plaza de San Antón


ESPASANTE / LA VOZ

Pura do Coco, Martina, Reme, María Jesús da Chata, Domi (Mari Jose), Fefa, Pilar y María Aguiar, Raquel Pincha, Maite, Pura y Manola de Jaime, Patricia, Mari de Xan, Maricruz, Pilar de Churruca y Carmen de Catula llevan años asistiendo a las clases que Gabriela Villasuso (Espasante, 1962), Gabi, imparte en la antigua escuela unitaria desde el 2000. Forman el grupo de patchwork de la Asociación Cultural Gamelas e Anduriñas y son las autoras del árbol de Navidad de Espasante, un llamativo puzle compuesto por 543 piezas (de unos 20 x 20 centímetros).

«Chamaron do Concello [de Ortigueira] para ver se podiamos colaborar na iniciativa Vestir o Nadal e pensei ‘algo se nos ocorrerá’», cuenta Gabi, la capitana, emocionada por la respuesta del equipo: «Calquera cousa que lles propoño, fana». Esta vez el desafío consistía en cubrir un armazón de 6,28 metros de diámetro por 5 de alto, el árbol de Navidad de la plaza de San Antón. Pero al principio desconocían las dimensiones y durante días trabajaron «a cegas», como recuerdan, ya entre risas, durante el café diario que reúne a varias de estas artistas en la taberna In.

«Non é para limpo, é para amasar»

La inspiración llegó de Génova. «Vin unha árbore feita de ganchillo, díxenlles que lles parecía e preguntáronme cantos cadros había que facer. Moitos...», relata Gabi. Todas conocen las técnicas de patchwork que la instructora les explica en las clases semanales, los sábados, pero esta vez se trataba de aplicar un dicho típico de As Pontes, donde también enseña Gabi: «Non é para limpo, é para amasar». «Déixate de técnicas, que ten que aguantar un temporal». Estas eran las directrices y la obra, que quedó lista el viernes a media mañana, ya ha superado la primera prueba, un fin de semana de lluvia y viento. La estructura sobre la que se montó y la separación entre los cuadros, cosidos, facilita el paso del aire y garantiza el secado de las piezas, forradas.

Retazos de colores

Este grupo de mujeres de distintas edades apasionadas del patchwork -un conjunto de técnicas de cortado y ensamblaje de piezas- rebuscaron en los cajones de sus casas y en la escuela en busca de retazos de colores verde (el fondo) y rojo (para las estrellas, los rectángulos y el resto de motivos). «Algunha fixo cen [en tardes enteras de trabajo] e outra dez, e houbo quen se dedicou a coser as pezas», explican. Así hasta ensamblar 543 fragmentos (con unos 60 de repuesto).

Prueba superada

«Meu cuñado, Pepiño, que sempre di a ver cando pasa a ser don José, e miña irmá, Alicia, foron os enxeñeiros xefes. El fixo un panterlo [artilugio que utilizaban los niños de Espasante para cazar pájaros], que nos serviu de plano, sobre o campo», agradece Gabi. «As do Porto están chifladas», comentaron compañeras de otros grupos de patchwork de la zona al conocer el proyecto.

«Si no es factible, lo dejamos», llegó a decirles la profesora en un momento de bajón. Pero nadie sucumbió. Hasta el viernes, con nervios, sin la certeza de que el traje iba a encajar sobre el maniquí, «arriscando» hasta el final. Cuando lo descolgaron, respiraron aliviadas «e moi contentas». Prueba superada, y ya conocida por medio mundo, hasta en Angola. Y ahora a por otro reto. «E se facemos unha alfombra floral para San Antón?». Risas.

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