Las orteganas toman la palabra

Un proyecto impulsado desde el CIM da voz a vecinas de Loiba y San Claudio de 68 a 92 años, que narran sus vivencias en la emigración y en el campo, y se reivindican


ORTIGUEIRA / LA VOZ

En los talleres de memoria organizados por el Concello de Ortigueira, dentro del programa de dinamización sociocomunitaria, se oían retazos de la vida de las participantes. «Escuchando sus historias, siempre decíamos que había que hacer algo para que no se perdieran», recuerda Ana Dopico, responsable del Centro de Información á Muller (CIM), junto a su compañera Rocío Blanco, que asistía a aquellas sesiones. Virginia Pañeda y Sara Vierna, compañeras en Almas Meraki, un proyecto centrado en la educación, el género y el crecimiento personal, hallaron la fórmula. «Trabajar con las mujeres desde el punto de vista del empoderamiento y el reconocimiento, que vean la importancia de sus vidas para ellas, para sus familias y para la sociedad», explica Dopico.

Pañeda y Vierna escucharon y grabaron el relato de dos grupos de vecinas de Loiba y San Claudio de entre 68 y 92 años. «En la primera sesión hablamos de la infancia [...]. Tienen muy buena memoria, nos sorprendía muchísimo cómo recordaban las anécdotas y los pequeños detalles. En la segunda, tratamos la juventud y la adultez temprana, la época de toma de decisiones», indica Pañeda. Ahí surgieron las vivencias de la emigración, a Venezuela o a países europeos como Francia, Suiza, Alemania o Reino Unido. «El idioma fue de lo más complicado, algunas llevaban en un papel apuntado el nombre de la estación de tren donde iba a recogerlas un contacto», señala.

Las mujeres que optaron por quedarse también relatan sus experiencias, «cómo dejaban la escuela muy pronto, muchas para aprender a coser, oficio que luego desarrollarían en alguna fábrica y trabajando en las casas; otras para llevar mercancía con sus padres a las ferias o para ir a servir, y todas, desde los siete o los ocho años, para ayudar en casa, con las tierras y el ganado». «En los dos grupos tenemos mujeres emprendedoras, una montó una panadería en Loiba con su marido y dedicó toda la vida a hacer pan; dos abrieron negocios en Loiba y San Claudio, y recordaban cómo con la llegada de Alcampo a Ferrol tuvieron que cerrar y reinventarse, en otros trabajos», comenta Pañeda. En la tercera sesión abordaron el presente, «su mejor etapa después de trabajar toda la vida, pueden disfrutar del día a día, aunque les preocupa la despoblación, por el aislamiento y la soledad; y lo que más ilusión les hace son las actividades, cuando se juntan». De estos encuentros y de los recorridos guiados por estas parroquias han salido dos historias, que ayer se presentaron en el Teatro de Beneficencia, con la intervención directa de las protagonistas, y que se plasmarán en sendas publicaciones. «Queremos tener una especie de serial, con dosieres de las mujeres de todas las parroquias», avanzó la edila de Cultura, Vanesa Trevín.

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