La limpieza de franjas de seguridad dispara la demanda de mano de obra forestal

Los trabajos realizados hasta ahora en la comarca se concentran en el entorno de viviendas


ORTIGUEIRA / LA VOZ

«A lo que hay que limpiar, no se ha hecho nada», resume Óscar Piñón, maderista ortegano y presidente de la asociación de productores forestales de Ortigueira (Promaorti). Pero la actividad se ha intensificado en las últimas semanas en los montes de Ortegal, Ferrolterra y Eume. El plazo otorgado por la Xunta para limpiar las fincas próximas a núcleos de población expira hoy y muchos propietarios, con miedo ante la amenaza de sanciones, se han apresurado a contratar la tala o el desbroce de sus parcelas. La urgencia ha disparado la demanda de mano de obra y las empresas de servicios, la mayoría de autónomos, no dan abasto.

«Teño máis traballo do que dou feito, sobre todo arredor das casas, hai présa porque hai preocupación por se multan», señala Luis Caamaño, vecino de Cerdido que lleva 12 años en el sector. Para los maderistas también ha aumentado la faena. «Coincidimos varios en distintos puntos de la misma parroquia [...], pero no puedes estar atendiendo solo este tipo de trabajos», apunta Piñón. Hay vecinos que les entregan la madera a cambio de la corta y el desbroce de la franja de seguridad, de 50 metros en el caso de los núcleos de población.

«Alguna gente regala la plantación con tal de que le hagan el trabajo y eso supone una pérdida de capital muy importante en algunos casos. Si [la Xunta] hubiera dado un plazo un poco más largo resultaría más fácil», advierte Juan Luis Casal, secretario del colectivo de productores forestales Terra Rendible, de Narón. Los socios de esta entidad ya llevan varios años respetando la distancia de seguridad establecida en la Ley 3/2007, de 9 de abril, de prevención y defensa contra los incendios forestales de Galicia; y la Ley 7/2012, de 28 de junio, de montes de Galicia.

El abandono, el gran problema

«Empezamos a aplicarlas en 2013, respecto a casas, carreteras, vías de tren o ríos, y ahora se han incrementado las distancias. El problema lo tenemos con los montes que no son de socios y que no sabemos a quién pertenecen», comenta Casal. Y apunta al abandono de las tierras como «el grave inconveniente de Galicia, no el minifundismo».

«A xente que realmente coida os montes tenos limpos, e do resto, moitos nin sequera saben onde se atopan as parcelas e algúns non poden facelo por motivos económicos», sostiene Diana Fernández, secretaria de la organización de productores de As Somozas (Promaso). «Se realmente se quere conseguir algo non pode ser de repente, hai que ir pouco a pouco [...] e moitas fincas da Xunta de Galicia tampouco están desbrozadas», reprocha.

Casal comparte el malestar por esta situación: «La propia Administración no cumple. El Sepes [entidad pública dependiente del Ministerio de Fomento] tiene una extensión enorme, entre Narón y Valdoviño, que era el antiguo helipuerto militar, plagada de biomasa. Cortaron la madera y ahora es un polvorín para el fuego». Los propietarios no descartan movilizarse si comienzan a llegar multas (en toda la provincia hay 113 agentes forestales).

«Ha sido todo muy apurado, o hay una moratoria o, si empiezan a sancionar, el siguiente paso será dejar de cortar y que lo haga la Xunta y pase después la factura. Hay agravios comparativos, fincas que se denuncian y otras al lado no. Esto va a acarrear problemas serios, ¿qué va a pasar el año que viene? Donde ahora cortas crecerá la maleza y no te permiten más de 30 centímetros de alto. ¿Quién se va a hacer cargo, el propietario? Es un despropósito», critica Piñón, que propone la expropiación como salida. Todos los sectores implicados coinciden en que no se puede ordenar el monte, tras décadas de anarquía, en unas pocas semanas.

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