El «selfie»


Los Mossos rescataban hace unas semanas a una adolescente de 14 años que se había colgado de la cornisa de un octavo piso para que un amigo la fotografiase. El concello de Ortigueira alejará el famoso banco de Loiba de los acantilados por seguridad, ante la masiva afluencia de gente. El Orzán suma tragedias pese a las alertas y avisos sobre su peligrosidad. No son raros los vídeos de personas engullidas por olas, afortunadamente muchas veces con final feliz, que querían contemplar los efectos del temporal en primera línea. Tampoco es la primera vez que los informativos cuentan la muerte de alguien que se arriesgaba para tener el mejor selfie.

Llamativo y trágico fue el caso de Michal Mackowiak hace cuatro años. Él, un joven de éxito de 32 años, y su esposa, quisieron fotografiarse en un acantilado de Sintra, en la costa portuguesa. Saltaron la barrera de seguridad para hacerse un selfie. Cayeron desde una altura de 140 metros. La historia es más dramática todavía: sus hijos de cinco y seis años, ahora huérfanos, los contemplaban al otro lado de la barrera.

Los padres tienen la obligación de cuidar de sus hijos y los gobiernos de sus ciudadanos, pero en este mundo loco en el que caminamos no se pueden poner barreras infinitas. Ni se puede vallar la costa ni poner redes en las ventanas. La responsabilidad también es un deber de los ciudadanos. No pensemos que los demás se van a preocupar de nosotros más que nosotros mismos. Las alturas son peligrosas, las tormentas impredecibles, la velocidad arriesgada y el mar traicionero.

The Buggles preconizaba que el vídeo mataría a la estrella de radio. Quizás sea el selfie. O la ingenuidad. O la estupidez.

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