El banco de Loiba se reivindica

El colocado en Furnas el 2 de junio de 2009 desató el furor de los asientos con vistas

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ORTIGUEIRA / LA VOZ

La primera fotografía que acredita la existencia del ya reconocido como El mejor banco del mundo data del 2 de junio de 2009 y fue tomada por Rafael Prieto, el ideólogo de los asientos que jalonan la costa de Loiba, a las 13.43 horas, como figura en su viejo teléfono móvil. Aún tardaría en desatarse en el resto de Galicia el furor por los bancos con vistas. Alguien escribió en el respaldo la frase que serviría de detonante: The best bank of the world, un juego de palabras de interpretaciones diversas, que sentenciaba, de algún modo, el devenir de este rincón del litoral de Ortigueira.

Varios anuncios de grandes firmas, una magnífica astrofoto de la Vía Láctea del viveirense Dani Caxete y el boca a boca convirtieron esta, en principio anodina, estructura de madera en un icono, un fenómeno viral antes incluso de que se popularizara el término en Internet. Ocho años después, un vigilante privado vela por la seguridad, al pie del acantilado, y otras tres personas se ocupan de impedir el acceso de los coches desde el cruce, a unos 400 metros del banco, y de regular el aparcamiento habilitado en la zona por el Concello, que aplica estas medidas desde el 22 de julio hasta el 26 de agosto, por la afluencia de visitantes.

Una pareja de Cataluña pregunta «¿qué es el banco?», después de fotografiarse en el anterior, el de Xuncos. «Nos encanta, muy virgen, natural, sin explotar... Y es muy buena idea regular los accesos», comentan, antes de dar la vuelta en busca «del banco». Para Rosa y Fernando, vigueses, ya es la cuarta vez. Marta (Santiago), Mar (Jaén) y Laura (Girona) se estrenan, «por la fama y la recomendación de amigas». «¡Qué maravilla!», exclama Mary Carmen, de vacaciones en Viveiro. «El balance del verano es muy bueno. Con el dispositivo de seguridad, los vecinos están contentos y los visitantes también», recalca la concejala de Cultura e Turismo, María Isabel González. A María y Asís, madrileños que veranean en Ponte Mera, les ha sorprendido el bullicio. «¡Es brutal!», claman, temerosos del impacto. Y Rafael Prieto, que limpia este entorno cada mañana, sueña con más bancos y con habilitar accesos a playas recónditas: «Loiba tiene 11 y solo a dos, Picón y Ribeira do Carro, se puede bajar sin cuerdas».

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