«O do banco de Loiba é un milagre»

Lola acaba de cumplir 99 años y pasea a diario muy cerca del mejor asiento del mundo: «Antes aquí non había nada e agora temos ata un gaiteiro»

«O do banco de Loiba é un milagre» Lola acaba de cumplir 99 años y pasea a diario junto al asiento más bonito del mundo. Amiga de hablar con los turistas, está encantada con el reconocimiento

La costa de Loiba está salpicada de bancos, pero hay dos con nombre propio. El ya considerado oficialmente como el mejor banco del mundo, colocado por Rafael Prieto, mecánico y vecino de la parroquia hace unos nueve años, junto a Pena Furada, y el banco de Lola, que instaló el Concello de Ortigueira poco después a petición de esta mujer coqueta, alegre y locuaz. Dolores Fernández Martínez cumplió 99 años el 27 de noviembre. «Como cambiou o mundo¡ ¿Quen vía antes unha muller sentada nun banco pola tarde? Víala cun saco á cabeza, collendo herba para as vacas ou alindando».

Lola nació en Céltigos, se crio en Espasante con unos tíos que habían retornado de América -«eramos dez irmáns»- y acabó alquilando una vivienda en O Loureiro (Loiba), donde reside con su hijo y su nuera. Allí trabajaba en el telar heredado de una hermana. «Tecía e ía ás casas, a labrar na horta e cavar no monte para plantar trigo (...). O rico era o que tiña terra, chamábate para traballar e dábache nada, quizais un paxe de patacas... Habíaos tremendos. Tiñas que ir ao piñeiral, coller uns carabullos para a lareira e gardarte de que non te viran os donos», recuerda. Lola ha pisado palmo a palmo las sendas que bajan a los arenales de Loiba, que ahora transitan pescadores y suscitan la curiosidad de cuantos se sientan en el banco: «Ía á ribeira e traía a braña e a herba, e argazo e ourizos para aboar a terra». Entonces «había festas espesas e non perdía unha» y cantaba «no lindeiro ou no traballo, se non era moi duro». Hoy ya nadie canta: «Están as casiñas baleiras, é unha pena. Para xente, a do banco. Case desde a estrada de Picón, nin trinta, nin corenta, nin cen... ¿Quen dá contado os coches en días de festa?».

En invierno, las piernas se resienten y el paseo se acorta; y con el buen tiempo se alargan las caminatas hasta el mirador de Ribeira do Carro. «E algúns días ves ata paxaros voadores», comenta en alusión a los deportistas del Club Parapente Ferrol, que visten el cielo entre el banco de Loiba y la playa de O Carro con viento del norte. Con sus nietas, a las que crio, ha recorrido la zona. Atrás quedan, en otro siglo, la luz del candil, las coladas en el río y los viajes a pie a las ferias de Mera o Mañón, e incluso a Viveiro «para buscar unhas cereixas e unha becerra na baca do coche de pago».

Antes sobraba gente. «Hoxe somos tres ou catro amigas [...]. Onde está o banco non había nada e agora no verán está cheo, temos ata música cun gaiteiro. É como un milagre. Veñen por aquí e eu póñoos en camiño».

Votación
11 votos
Comentarios

«O do banco de Loiba é un milagre»