El banco de las estrellas, en Loiba

La astrofoto captada en la costa de Ortegal se expondrá por el mundo


ortigueira / la voz

Al «mejor banco del mundo» le faltaba un título y Dani Caxete, aerógrafo viveirense apasionado de la astrofotografía, se lo ha concedido. El banco que Rafael Prieto, vecino de Loiba, instaló en Furnas, al pie del acantilado de O Picón, hace unos ocho años, ha rozado las estrellas. «Xa coñecía toda esta zona e sabía da fama do banco; case non había nada nocturno e tiña en mente facelo coa Vía Láctea», cuenta el autor de una de las imágenes finalistas del concurso promovido por TWAN (el mundo por la noche, en las siglas en inglés), un programa «para crear y exponer una colección de astrofotos de paisajes asombrosos».

«Había que facela entre agosto e setembro porque se non a Vía Láctea quedaría moito ao sur e case se perdería coas luces de Cariño (en el horizonte del banco, como el cabo Ortegal y Os Aguillóns)», explica. «Viñeramos de día a controlar o sitio e os cantís, porque de noite -advierte- tódolos gatos son pardos». Y una noche de agosto del 2014, sobre las 3.30, se apostó junto al banco y montó la cámara (una réflex «normalita», con un objetivo 14 milímetros) en el trípode. Para conseguir la imagen que buscaba, de casi 300 grados, fue moviendo la cámara, realizando distintos encuadres.

«De tódalas tiradas [una hora] só val unha porque cando cheguei estaba nubrado e aproveitei ese claro», desvela. Empleó un filtro degradado para «dar esa intensidade ás estrelas e luz ás sombras». Un software se encargó del ensamblaje posterior de las tomas. El resultado cautivó al jurado del certamen de TWAN, al que envió cuatro fotos más, una de ellas de la capilla de Monte Castelo, en Viveiro.

Las nueve astrofotos premiadas y las finalistas se podrán ver en una muestra itinerante por distintos países (en septiembre, en La Palma). A Caxete le gusta experimentar. De jovencito (nació en 1975) ya creó una cámara estenopeica (no necesita lente) con la maleta de la mili de su abuelo. «É a caixa escura; faslle un furadiño, ben feito, metes a emulsión, e cunha exposición á luz de tres horas, obtés unha imaxe», detalla. También ha utilizado botes de refresco para lograr solarigrafías, fotos que requieren nada menos que seis meses de exposición.

La foto del banco de Loiba no le ha satisfecho del todo. «Teño gañas de repetila, pero ben feita», afirma. Cuando esta semana regresó a Furnas se encontró con Rafael, el artífice del banco, aficionado a la fotografía, en especial de la naturaleza antropomórfica. Mientras conversaban seguía el desfile incesante de curiosos, que se acercan a este extraordinario lugar de la costa ortegana, se sientan, se hacen un selfie, y continúan la ruta. Pocos saben que acaban de pisar o pensadoiro, como solían llamar a este sitio amigos y familiares de Rafael. Donde una estructura y cinco tablas de madera, además de ser «un rincón del alma, un lugar ideal para amarse», como sostiene este mecánico cariñés, se han convertido en sujeto de fotografías tan espectaculares como la de Caxete. Ha nacido el banco de las estrellas.

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