¿Qué hace un dromedario en Neda? La primera granja escuela de Galicia cumple treinta años
NEDA
En esta hectárea de conviven cuarenta animales y se ofrecen talleres de elaboración de pan, visitas guiadas o un «Poniclub»
02 abr 2026 . Actualizado a las 10:38 h.Aún recuerda Fernando Beceiro (Ferrol, 1968) todas las veces en las que le advirtieron, allá por los años 90, que una granja escuela en Ferrolterra no funcionaría, porque en esta zona «todos los niños veían vacas». Pero él tenía muy claro que no quería ofrecer una experiencia que se limitase a «ver vacas». Está agradecido porque la acogida no defraudó en absoluto y ahí sigue, tres decenios después acercando la naturaleza y los animales a los más pequeños desde el entorno del río Belelle, en Neda.
Aunque hasta ese momento en la comunidad había campamentos y alguna que otra experiencia con animales, Fernando fue pionero en el concepto de la granja escuela, que arrancó alrededor de 1996. Es ferrolano con raíces en Neda regresó después de siete años trabajando en el extranjero para instalarse en una casa en medio de la propia granja, en la que todavía reside hoy en día. Poco a poco fue creando este espacio desde cero y recuerda que, en su día, tuvo que lidiar con problemas administrativos y enfrentarse a la pregunta que a veces ni el mismo sabía responder: ¿qué es una granja escuela?
Rutas y campamentos
Admite que a lo largo de estos años ha tenido que ir «redimensionando» la granja para adaptarla a sus capacidades y actualmente, en una hectárea de superficie conviven hasta cuarenta animales que se dividen en tres grupos. Por un lado están las aves, que incluyen desde gallinas hasta ocas pasando por faisanes dorados o pavos reales; por otro, los animales de granja, que van desde conejos hasta cabras, pasando por cobayas o burros. Por último están las especies exóticas, entre los que destaca Pipo, un dromedario de 14 años.
Además de las zonas de los recintos donde viven los animales y el obrador donde se prepara el pan, la granja cuenta con «refugios», donde poder merendar y descansar, y un huerto.
Después de un inverno duro a causa de los temporales, empieza ahora la temporada de mayor actividad. Llegan a recibir excursiones de hasta a 140 escolares de centros de unos 100 kilómetros a la redonda. También realizan visitas para familias, que organizan en grupos de unas doce personas. Entre las actividades que ofrecen están, además de una ruta por la granja conociendo a todos sus animales, paseos en poni y un taller en el que los más pequeños elaboran su propio bollo de pan.
También organizan campamentos y rutas por el bosque, además de actividades como talleres de reciclaje o de sales aromáticas. «Siempre intentamos tener un comodín para los días de lluvia», explica Fernando. Otro de los planes estrella es el «Poniclub», donde los viernes y sábados los más pequeños montan y cepillan a los ponis.
En temporada alta suman hasta siete monitores, «uno por cada diez o quince niños», aunque Fernando todavía recuerda que él mismo llegó a estar «solo cuidando a 30 caballos».
Reconoce que las dificultades para conseguir personal o el golpe que supone para el sector primario el encarecimiento de la materia prima derivado de los conflictos bélicos no se lo ponen fácil, pero no pierde la ilusión.