De molino y fábrica de papel a espacio divulgativo con visitas interpretativas en Neda

Candela Montero Río
CANDELA MONTERO RÍO NEDA / LA VOZ

NEDA

César Toimil

Desde esta semana ya está abierto al público O Carrizo, tres años después de empezar a ser rehabilitado por unos educadores ambientales de Aragón

25 mar 2026 . Actualizado a las 12:00 h.

Casi tres años de ilusión y esfuerzo les ha llevado a Xavier Pujol y Lola Calderón dar una segunda vida al centenario molino de O Carrizo, situado al pie del río Belelle. En el verano del 2023, este barcelonés y esta oscense echaron el cierre a su casa en Aragón para rescatar estas instalaciones de Neda. La idea de estos educadores ambientales, a los que les quema la silla de la oficina y que llegaron a Neda «tras buscar mucho una finca apropiada para desarrollar un proyecto ambiental», siempre fue reabrirlo al público y crear un espacio divulgativo en este antiguo molino. Aunque reconocen que todavía les queda trabajo por hacer, desde este martes ya se pueden reservar las visitas guiadas e interpretativas, conducidas por ellos mismos.

Duran aproximadamente un par de horas y en ellas se puede visitar el molino harinero y la antigua fábrica de papel, ambos entendidos dentro del ecosistema que los rodea. No quieren que esta sea una «visita al uso». «Buscamos experiencias diversas y dinámicas, donde se podrá interactuar con los diferentes elementos patrimoniales», avanza Xavier.

Entre esos elementos, se encuentran los frutos de la labor de Xavier y Lola durante estos tres años. Lo primero que hicieron fue habilitar la vivienda para poder instalarse en ella. «Queríamos emplearla como núcleo neurálgico y vivir aquí, para estar las 24 horas del día metidos en el proyecto», cuenta Lola. Esa convicción sigue siendo el motor que los impulsa: «En su día tomamos la decisión y vamos a por todas con ella», defiende Xavier.

Ahora, viven en la planta de arriba, justo encima del antiguo molino. La historia del edificio principal fue el punto fuerte que los encandiló y siempre mantuvieron la idea de rehabilitarlo «manteniendo la esencia original».

También se hicieron con la finca de cinco hectáreas que rodea al edificio. Y volvieron los animales. Para desbrozar optaron «por especies ganaderas domésticas autóctonas» que promueven la biodiversidad y son, apunta Xavier, «los verdaderos motores del modelado del paisaje». Ellos también forman parte de las visitas interpretativas.

Explican que prevén ir aumentando su presencia «en función de la carga ganadera que tenga el terreno», pero por el momento su cerdo, su yegua, sus cuatro ovejas y sus dos burros campan a sus anchas por el terreno colindante a la casa y duermen en unas construcciones adyacentes a la cerradura que en su día fueron viviendas de los trabajadores de la fábrica y el molino, ahora reconvertidas en cuadras.

En otra pequeña edificación dentro de la finca está el antiguo horno usado para hacer pan, que todavía funciona a la perfección y que Xavier y Lola encienden de vez en cuando para hacer sus pinitos gastronómicos. Por último, tienen su pequeño huerto de «autoabastecimiento», para mantener «la esencia que existía antes».