Casas inundadas en Neda y cortado el vial del monasterio de Caaveiro, en las Fragas do Eume: «El agua subió muchísimo en unas pocas horas»

A. F. C. FERROL / LA VOZ

NEDA

En Fene, Ortigueira, Valdoviño y Mugardos también se desbordaron ríos

17 feb 2026 . Actualizado a las 17:46 h.

La brutal crecida de los ríos Belelle y Basteiro, en Neda, anegó viviendas —seis afectadas, según el alcalde, Ángel Alvariño—, prados y viales, y socavó el ánimo de los vecinos, angustiados e impotentes al ver cómo subía el nivel de agua. El Concello cortó los accesos por carretera y alertó a Augas de Galicia para retirar una máquina excavadora que estaba trabajando, precisamente, en la retirada del azud del molino do Carballo, un obstáculo al que responsabilizan, en parte, de las inundaciones. En O Roxal, un coche estuvo a punto de ser arrastrado por el agua; y en Gradaílle, ya en el límite con Narón, el agua sobrepasó el molino. La carretera que sube a la granja escuela quedó balizada porque el agua se llevó parte del asfalto.

El Concello de Neda proporcionó sacos de arena y grava para levantar barreras entre Santa María y As Augas, y frenar el agua. A Fabio Miranda, que acaba de comprar una casa en Neda, y a su novia, la riada les pilló por sorpresa, protegieron las puertas y entraban y salían de la vivienda por las ventanas. «No es normal, en unas pocas horas el río Basteiro pasó de cinco centímetros de agua a querer llevarse el puente, subió muchísimo», advertía. El Eume se expandió por las márgenes y la crecida obligó a cortar el acceso por carretera a Caaveiro, en las Fragas do Eume. En Perlío (Fene), la noche del domingo al lunes se vivió en la calle, con vecinos retirando coches y apilando sacos de arena para detener el agua del Cádavo, con apoyo de Protección Civil, Policía Local y personal municipal, y del GES de Mugardos, que también acudió a Neda, y a O Seixo, donde el Baa se salió del cauce (mugardés).

En Ortigueira, el río Mera anegó los campos próximos a la desembocadura y el Baleo se desbordó en Couzadoiro. La tierra, saturada de agua tras meses de lluvia inclemente, se desplomó en la subida hacia O Campo do Hospital, poco antes de la gasolinera. La ladera se vino abajo y cortó los dos carriles de subida, y un eucalipto atravesó el de bajada. En Pontedeume se desprendió un ribazo sobre la carretera de Monfero. Valdoviño cerró el paso en coche por la vía paralela al río San Vicente, en Meirás, rebosante de agua; y el río das Mestas, en O Porto do Cabo (Vilarrube), estuvo al límite en el puente nuevo, arrastrando troncos, y cubrió alguna finca particular.

Carmen Blanco, hostelera, al frente de la Taberna de Caaveiro: «Este año solo hemos podido abrir dos fines de semana»

El acceso por carretera al monasterio de Caaveiro está cortado desde el sábado, por la crecida del río y el peligro de desprendimiento de árboles, y la previsión es que se mantenga al menos hasta el miércoles. Carmen Blanco, al frente de la Taberna de Caaveiro, al pie del cenobio (en A Capela), entiende la medida. «No merece la pena correr riesgos, porque te puedes encontrar un árbol y no puedes salir, aparte de que en muchas zonas no hay cobertura de teléfono», alerta. Reconoce las dificultades de gestionar un establecimiento tan condicionado por la meteorología.

«En lo que va de año solo hemos podido abrir dos fines de semana [...]. Para mí es un problema y estoy deseando trabajar, pero entiendo que cierren la carretera por seguridad», añade. No es la primera vez que se dirige al negocio y tiene que detenerse para apartar un árbol que atraviesa el vial. «Y hay riesgo de desprendimientos», avisa.