Evangelina Barros: «He pasado por épocas duras, me he caído y siempre me he levantado»

La empresaria de Neda ha abierto 14 negocios entre despachos de panadería y cafeterías degustación, ahora más de la mitad cierran por las tardes por el covid-19


FERROL / LA VOZ

Evangelina Barros tiene 69 años y no quiere ni que le mencionen la palabra retiro. Lleva desde los 18 años trabajando «como una negra» y asegura que sus empleados de las panaderías La Nueva y las cafeterías Valencia son su familia. Algunos llevan a su lado desde hace tres décadas y ya lo eran de su padre, que la mandó desde Montevideo muy joven a buscar un negocio para que la familia regresase: «Allí comenzaba el corralito y mi padre me envió a mirar algo, solo tenía 18 años y desde entonces no he parado de trabajar», cuenta sobre una carrera que le ha llevado a tener 14 negocios («todos comprados, ninguno alquilado»), aunque en este momento está acusando la crisis. «He pasado por épocas muy duras, me he caído y siempre me he levantado, pero esta vez... Es que la situación que se ha creado con el covid-19 me ha afectado mucho, porque tengo a ocho empleados en ERTE y otros ocho negocios que cierran por la tarde, porque la cosa no da para más».

-¿Qué tiene el pan de Neda de especial para que lo escogiese como negocio?

-El agua de Neda es especialmente natural y rica en hierro, así que aunque cambie la levadura y la harina que usemos cada panadero de aquí, siempre va a tener un toque especial este pan y eso se nota mucho. Cuando llegué me fijé en eso, me llamó la atención y finalmente le compramos la panadería a un primo de la familia. Carísima, tres millones y medio en los años 70, tuvimos que trabajar como negros durante años para pagarla y la persona que nos la vendió nunca más trabajó. Invirtió bien el dinero y aún sus descendientes viven de rentas. Yo estaba con mi padre trabajando todo el día, con 18 años parecía una madre de cinco hijos.

-¿Por qué?

-Porque no hacía otra cosa que trabajar, iba con la camioneta, empezamos con una y a los dos años teníamos tres que traían el pan a Ferrol. Yo repartía y hacía de comercial, de todo, porque se debía mucho del negocio. No salía nunca, no hacía la vida que me correspondía para mi edad.

-Y así sigue...

-He abierto muchos negocios, catorce en total, siempre a base de mucho trabajo... Y siempre diferenciando la matriz, la panadería La Nueva de Neda, la hemos reformado de arriba a abajo para ampliarla y tenemos panaderías y cafeterías con degustación, además de un horno delante del Parrulo... Antes de todo esto de la pandemia estaba pensando en abrir otro local en Ferrol, pero...

-Se lo va a pensar...

-Es que ha sido una cosa muy fuerte, me ha hecho pensar, porque muchos de los despachos tienen que estar cerrados por la tarde, ya que el negocio no da para pagar al empleado. No sé cómo se va a salir de todo esto, la verdad...

-¿Está sopesando el retiro?

-Claro que podría, porque tengo ya 69 años, pero no quiero, no entra en mis planes. Para mí el trabajo siempre ha sido mi vida y mis empleados unos compañeros excepcionales. He tenido golpes fuertes, desgracias y no he necesitado de médicos ni de nada más que trabajar cada día y estar al frente de mis negocios. Además, el día que yo falte todo esto va a ir a menos.

«Todos los alcaldes deberían haber sido empresarios para entender cómo va la vida» 

Evangelina se marchó de su Neda natal con cinco años. La familia al completo emigró a Montevideo para encontrar una futuro mejor, pero cuando cumplió 18 años su padre la mandó de regreso a Neda para organizar el retorno de los suyos. Ella recuerda el encargo enfatizando la gran responsabilidad que tuvo que cargar. Un peso que ha llevado toda su vida sobre los hombros, aunque nunca se ha rendido. Evangelina ha puesto buena cara a muchas crisis, pero ante esta se muestra indignada, porque considera que las administraciones no están a la altura de la situación.

-Piensa que se necesitan más medidas, más ayudas...

-Y justicia, me duelen las injusticias y se están haciendo en Ferrol con las terrazas. Nos dicen que ya no podemos solicitarlas, pero si en mayo estaba todo como estaba... No puede ser que estos gobernantes que tenemos estén eliminando las terrazas de A Magdalena, deberían ser más transigentes y ayudar en lugar de poner trabas a los negocios... Me da igual que se enteren de mi descontento en el Concello, es más, quiero que lo sepan.

-¿Qué cree que falta?

-Los gobernantes no saben cómo es llevar un negocio, no tienen ni idea de las necesidades y de los problemas que hay normalmente y mucho menos en situaciones como esta que va a ser muy dura, porque muchos comerciantes no van a poder abrir. Deberían tener más cercanía, escuchar más, yo tengo todos mis negocios en Ferrol, pero como están las cosas en la ciudad esto va muy mal.

-¿Qué propone?

-Para empezar yo creo firmemente que todos los alcaldes deberían haber sido empresarios para saber cómo va la vida, cómo funcionan realmente las cosas.

Sin ganas de pasar al retiro

«Nací en O Roxal, en Neda. Con cinco años me marché a Montevideo con mi familia. A los 18 padre me envió sola de nuevo a Neda para encontrar un negocio para que regresase la familia y compramos una panadería, La Nueva, que sigue funcionando y en la que no he dejado de trabajar en todos estos años. Fue carísima, tuvimos que luchar mucho».

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