Una historia todavía inconclusa que escriben cuatro Manolos


ECorría 1979 cuando un profesor de A Coruña de apellido Grandío llevó a sus alumnos de instituto por el Camino Inglés rumbo a Compostela. Él fue el que comenzó una recuperación histórica que llega hasta hoy. Poco después se publicaban en este periódico cinco páginas -de mi autoría- sobre esa ruta jacobea, y a partir de ahí la historia la escriben cuatro Manolos, que ya es coincidencia.

El primero fue Manolo Grueiro, activo bibliotecario de Neda, que se lanzó a la reconstrucción del Camino Inglés partiendo de aquellas páginas publicadas. El segundo fue Manolo Mirás, hoy en día alcalde de Oroso y hombre muy preocupado por la recuperación del itinerario. El tercero, Manolo Pazos, bibliotecario en Sigüeiro, autor de la primera guía de la ruta y también la primera persona que logró la compostela partiendo de A Coruña. Y el cuarto, Manolo Rodríguez, trabajador en el Xacobeo y autor de un librito sobre el Camino Inglés y A Coruña que solo puede ser calificado de excelente.

Con ellos delante y un nutrido grupo atrás, el Camino Inglés no solo renació, no solo creció de 3.092 peregrinos en el 2004 a los 11.321 el año pasado, sino que este 2018 romperá holgadamente ese techo. Para decirlo en román paladino, los 18 municipios recibieron en el 2017 unos tres millones y medio de euros que salieron de los bolsillos de los peregrinos. Y hay que repetir: el 31 de diciembre se romperá (una vez más: holgadamente) ese techo.

Así pues, y aunque la palabra indignará a más de uno, el Camino Inglés es muchas cosas y entre ellas un próspero negocio que procede cuidar. Y ahí radica su punto débil: hay ayuntamientos, hay albergues, hay hosteleros y suman legión los ciudadanos que no están dispuestos a mimar la ruta. Semeja no ir con ellos. Con las habituales disculpas, la movilización popular para defender la ruta suma un cero bien redondo.

Añádasele a ello las enormes meteduras de pata de la Xunta. No de toda la Xunta, porque la promoción nacional e internacional que hace el Xacobeo -en un entendimiento ejemplar con la Diputación (ahí está Antonio Leira) y con el Concello de Oroso, gran valedor del Camino- tiene que ser calificada en justicia de impecable. Pero sí de la Dirección Xeral de Patrimonio, que aprobó un nuevo trazado, en vigor desde hace 13 meses, con dos terribles meteduras de pata que, sostenella e non enmendalla, sufren los peregrinos.

La primera, sacarlos de los bosques y meterlos por casi dos kilómetros de muy peligrosa carretera por Mesón do Vento. La segunda -mucho peor desde el punto de vista histórico-, el desvío desde Sigüeiro hasta A Seonlla. Y es que antes la ruta cruzaba el Tambre y pasaba por el Camiño Vello, ante la iglesia de Augalada (la única en Galicia con un peregrino en relieve en un ábside exterior) y ante la Fonte dos Ingleses. Ahora el Camino discurre por modernas y asfaltadas pistas por el otro lado de la carretera nacional. Brillante, que diría un inglés con su habitual sentido irónico.

A pesar de esos auténticos atentados contra la traza, a pesar de que las quejas por ello son constantes en los tres grupos (español, inglés, alemán) de Facebook, el Camino tiene un futuro optimista. Pero, visto el desinterés del ciudadano -y desde luego de numerosos albergues, lo que ya es el colmo-, la carga del trabajo seguirá recayendo en el Xacobeo, en la Diputación y en un nutrido grupo de ayuntamientos con Oroso a la cabeza, seguido de Betanzos, Pontedeume, Abegondo, Neda y Carral. Y a los cuatro e indispensables Manolos, claro está.

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