Casa Vicente, el templo de las delicias en Narón: «Caviar con el Chicote gallego»
NARÓN
Todas las viandas en un local histórico donde «se cerraron grandes negocios»
26 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Museo de las bebidas, templo del jamón y los quesos, jardín de las delicias desde Narón para el mundo... Todos los adjetivos se quedan cortos para la añorada Casa Vicente, cuya historia recupera hoy el cronista Fernando Masafret. La epopeya gastronómica se inició con Vicente Fortúnez, vecino de O Trece y descendiente de los Celadas (tratantes de ganado). Tras emplearse en la ferretería de los Evaristos en Xuvia, se independizó y creó en los años 50 una pequeña tienda en O Ponto donde vendía tornillos, cemento, paja de Castilla y ultramarinos. Una prodigiosa década después ya triunfaba como Casa Vicente, «donde durante años se cerraron grandes negocios, donde desfilaban el té de Ceilán y el caviar gracias al Chicote gallego».
En 1979 gozaba del encanto de las tascas gallegas con un apreciado plus cosmopolita. Ya en el mostrador asomaba un gruyère de 140 kilos, además de otros veinte tipos de quesos suizos, holandeses, daneses, italianos o gallegos. Del techo colgaban «jamón de jabugo a 1.500 pesetas la pieza, Receo a 900, jamón blanco de Granada a 400, chorizo de Cantimpalo a 350, el ibérico a 800».
Entre las viandas relucían conservas de arenques alemanes y nórdicos desde 125 pesetas, la trucha japonesa en salsa dulce a 250, mermeladas escocesas, nueces chinas azucaradas, caviar ruso, cangrejos rusos a 1.800, la mostaza al vino del champán. Como recalca Masafret, «se trataba de la primera tienda delicatessen de la comarca, con vinos finos de la casa Domecq que preparaba para Franco, el Peking Brandy de la China de Mao, la botella de saque japonés con pepitas de oro, el jerez Matusalem que la casa Byass numeró para Nueva York o la colección completa de botellas de Chateau Mouton Rothschild con etiquetas ilustradas por Chagall, Joan Miró, Dalí, Picasso o Kandinsky a 5.800 pesetas».
Recalca Masafret que «se podría formar un pequeño museo con este Chicote gallego, donde en Navidades y otras fechas especiales se encargaban estuches de bebidas exóticas o de champán francés, o té de Ceilán envasado en Londres en porcelanas románticas del siglo XIX a 1.800 pesetas».
Los domingos se vendían más de 800 kilos de pan, mientras los clientes se tomaban vinos con jamón. Durante estos más de 60 años también su hijo Vicente cogió las riendas del local, «a donde acudía lo más granado del panorama nacional, desde políticos, artistas y grandes empresarios, hasta aristócratas y militares de altísima graduación... la parada era obligatoria en Casa Vicente, donde los vecinos pedían puestos de trabajo para sus hijos y donde él ayudó a muchísima gente», como recuerda Masafret.