El río Xuvia, mucho más que una pasión: «De primeros amores a despedidas dolorosas»
NARÓN
Un paseo de siglos a lo largo «de este testigo íntimo de nuestra vida cotidiana» por Narón y Neda, de la mano de Masafret
07 jun 2026 . Actualizado a las 14:25 h.Al igual que el fútbol para los argentinos, el río Xuvia es para esta comarca mucho más que una pasión. Todo intrépido caudal de agua esconde mil historias, como ya glosaron Bruce Springsteen, William Faulkner o Jean Renoir. Y el del dulce Xuvia no podía ser menos, asombrando a los habitantes de Ferrolterra desde tiempos inmemoriales, salpicando sus penas y amores. En una bella crónica, Fernando Masafret empieza diciendo: «El Xuvia es un río con clara vocación diplomática, desde su nacimiento en los montes da Serra (As Somozas), siendo muy menudo todavía, divide equitativamente los municipios de Moeche y San Sadurniño». A continuación, «vuelve a ejercer esta función al limitar ambiciones localistas, bajo el puente de su nombre (ya casi en la ría ferrolana) entre las casas de los Concellos de Narón y Neda».
En tan feliz serpentear, con especial valor sentimental para el cronista, «a una y otra orilla surge un pequeño núcleo de población que el río bautiza con su nombre». Y la toponimia continúa multiplicando al Xuvia no solo por el agua, sino por tierra y por levadizos: «Un puente, el histórico puente de Xuvia que el padre Sarmiento describe en un pequeño diario a raíz de su visita por tierras ferrolanas, sirve de enlace y unión entre uno y otro municipio».
Riberas, fragas y molinos
¿Quién puede presumir de nacer aquí? «Tanto los que viven en el lado izquierdo como en el derecho dicen ser de Xuvia, por eso más de una vez se plantea la discusión. Xuvia está en Neda dicen los de la izquierda, no señor. Xuvia es de nuestro Ayuntamiento protestan los de Narón. ¿Quién dice la verdad? Se acerca un tercero y afirma: Pues no, Xuvia no está en Neda ni en Narón, sino en San Martín do Couto», enumera Masafret sobre los debates en torno a tan sagrado nombre. Y a continuación celebra que este río, en su tramo final, «con sus riberas, fragas y molinos, se convierte en un testigo íntimo de la vida cotidiana a lo largo de los siglos, donde ha sido mucho más que un curso de agua».
Lavadero de alegrías y penas
Besando las orillas, este cauce que desemboca en el Atlántico también fue «lavadero donde las mujeres compartían penas y alegrías, molino girando a un ritmo hipnótico que evocaba la eternidad del ciclo vital: sembrar, cosechar, moler y hornear». También arropó a niños, adolescentes y mayores en todas sus intrépidas aventuras: «Fue también lugar de juegos infantiles, de primeros amores y de despedidas dolorosas, donde la nostalgia se acumula como sedimentos en el fondo del río».
Por las aguas de cobre
Y el fluir de estas aguas invita incluso a la lírica, de la mano de Masafret: «En algunas tardes, cuando el follaje denso filtra la luz creando ese ambiente de misterio donde el tiempo parece detenerse, el sol tiñe de cobre sus aguas, sintiéndose aún el rumor de las ruedas de molino que ya no giran, las risas de niños que ya son abuelos, el llanto de madres que vieron partir a sus hijos, el aroma del pan caliente y el sonido lejano de una gaita en septiembre».
En ese devenir imparable, en una clara metáfora de la vida, «el río sigue fluyendo, paciente y nostálgico, llevando consigo los sueños rotos y los pequeños milagros diarios, fundiéndose con el mar, llevando sus memorias al infinito». Y así corre, salta y navega el Xuvia hacia el océano, surcado por chalanas, despedido por pañuelos, hacia un horizonte de sal.