Narón abre el período de aislamiento con escasa actividad en las terrazas

Parte de los negocios locales mantuvieron el cierre durante la jornada

Terraza del Australian
Terraza del Australian

Narón

El frío y la lluvia de la borrasca atlántica Dora acompañó al ya de por sí día gris en Narón. La primera jornada bajo el decreto de cierre individual tuvo su contrapunto con la reapertura, tibia, de la hostelería. Solo al 50 % y en terrazas exteriores. A primera hora, pocos establecimientos se decidieron a retomar la actividad. En el entorno del centro comercial Odeón, solo tres desempolvaron sus mesas para recibir a una clientela a la que hacía un mes que no atendían. Como el Australian. Sus propietarios, Diego y Rubén, ocupaban una de las mesas de la amplia terraza. No lo veían claro. Muchos condicionantes para poca recompensa. «Las medidas son muy restrictivas», especialmente sobre el aforo, a su entender. Consideran que se podrían aliviar las normas -que impiden servir en el local- si «dentro se aumenta la distancia y la ventilación» y «si se conciencia del uso de mascarilla». De los ocho o diez cameros que tenían en plantilla, solo hay ahora trabajo para dos.

Olor a café

A pocos metros, en el Caprice del Odeón, la máquina de café coge ritmo. Es el único local que sirve en terraza. Antonio, al frente del servicio, se resigna a un año que va a ser «muy duro», lejos de los resultados de las tres temporadas que lleva en el centro comercial. Pero en esa misma terraza, el olor a café pone unas sonrisas al día. Son las de Marta, Sonia, Pepa y Mónica, trabajadoras de la tienda de Zara, que ya no se acordaban de cómo era aquello de tomar uno recién hecho. Adiós a la máquina dispensadora.

Café Caprice, en Odeón
Café Caprice, en Odeón

Poco movimiento

Por la medular del municipio naronés, en los márgenes de la carretera de Castilla, más persianas bajadas que puertas abiertas. Ninguno en O Alto y solo un par con cierta actividad a la altura de Freixeiro. En la zona de O Ponto el panorama era el mismo, aunque Xuvia sí despertó con algún local más abierto, pero solo hasta las cinco de la tarde. Hora de cerrar.

«Quizá es mejor ir poco a poco y pensar en el próximo trimestre»

 

Urimare
Urimare

A las diez de la mañana abrió ayer sus puertas el bar de la pizzería Urimare, uno de los establecimientos con más solera en Narón. En la cocina ya llevaba rato trabajando Jesús, el titular del negocio familiar. Así lo estuvo haciendo durante el último mes, en el que salvaron los muebles con el servicio de comida para llevar. «Estamos ya acostumbrados a trabajar así», asegura mientras elabora la masa para los menús. Cauteloso, apunta que «quizá es mejor ir poco a poco y pensar en los meses que vienen, en el próximo trimestre», y ahora mantener la actividad de mínimos «porque los aforos son pequeños». «Prefiero trabajar menos en diciembre y más en enero y febrero», recalca. En el local del Urimare, con dos terrazas, hay espacio como para cumplir holgadamente la separación de seguridad. «Mayor distancia entre las mesas es mejor que el 50 %», aboga el hostelero que, no obstante, dada la situación de alerta en Narón, no puede abrir los espacios interiores del bar ni del comedor.

De los 12 trabajadores del establecimiento, seis están en erte a la espera de retomar la actividad habitual.

Vuelta a la «normalidad» en la villa

Cafetería Avenida, en Ares
Cafetería Avenida, en Ares

Ares reabría ayer su hostelería después de que la Xunta aceptase que el municipio pasase a nivel básico. Los empresarios esperaban esta medida con anhelo ya que no entendían que no se hubiese hecho al mismo tiempo que Mugardos. 

«Esto es dar un paso atrás, son medidas injustas», apunta una hostelera pontesa

 

a. f. c.

En As Pontes, ayer, muchos se acercaron a los pocos bares que decidieron abrir para tomar un café y comentar la bajada de las temperaturas (granizó y nevó durante buena parte de la mañana) y las últimas restricciones, tras la decisión de la Xunta de limitar la movilidad al interior del municipio. El cierre perimetral impide salir o entrar en As Pontes sin una causa justificada y la hostelería puede funcionar solo en las terrazas, al 50 % de su capacidad, hasta las cinco de la tarde.

El Trastoy 3 es uno de los establecimientos que continúan activos. «De momento, sí, vamos a probar una semana a ver qué pesa, tenemos una terraza pequeña cerrada y otra exterior, pero ahí, con el tiempo que hace es difícil», comentaba ayer Raquel Tojeiro. «Esto es dar un paso atrás y los ánimos están decaídos, nos atizan por todos lados, estas medidas son un poco injustas porque nosotros no tenemos la culpa. Dejan en nuestras manos la elección de abrir o no, pero al poder hacerlo tampoco tienes opción de pedir ayudas», comenta.

Esta empresaria no entiende el horario: «De tres a cinco de la tarde son horas muertas, cuando trabajas un poco es por la mañana, sobre todo con los comercios, por la gente que viene a buscar el café para llevar». La situación ya había sido complicada las últimas semanas, con varios negocios cerrados por casos de coronavirus o por prevención.

Borja Pena, al frente de la Taberna de Pancho, había servido un centenar de cafés a media mañana de ayer. «Tengo solo cuatro mesas en la terraza y ha sido un goteo constante, están los clientes de todos los días y, aparte ‘los cafés de compasión’, gente que viene para echarnos una mano», agradece. Con su mujer a punto de salir de cuentas, ha tenido que recurrir a un ERTE para varios de sus empleados, pero ha mantenido a un camarero, para cubrirle durante la baja por paternidad, y una cocinera, para preparar las comidas de reparto a domicilio durante las noches de los fines de semana.

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