Los bancos se atracan en solitario

Los ocho asaltos registrados este año en la provincia fueron cometidos por un ladrón


A CORUÑA / LA VOZ

Se pasó de las bandas organizadas a los cacos desesperados. Hace muchos años, a ningún delincuente que supiera sumar dos más dos se le ocurriría atracar un banco sin la compañía de un compinche. Los asaltos a entidades siempre fueron coto de los peores malandros, de los más avezados. De los que atacan en manada. De esos que preparan el golpe semanas antes, lo estudian y hasta lo ensayan. Siempre fueron bandas más o menos organizadas, con plan de fuga, fuertemente armados y, sobre todo, dispuestos a apretar el gatillo si la cosa se tuerce. O mantenerse serenos con rehenes y rodeados por la policía. Como ocurrió el 12 de septiembre de 1983, cuando en España se asaltaban bancos todos los días. Aquel día, una pequeña sucursal coruñesa en la avenida de Finisterre con la ronda de Nelle fue atracada por tres hombres. La oficina fue inmediatamente rodeada por una turba de vecinos y de policías. Aquella vez, tras seis horas de negociación, salieron. Hicieron dos disparos que no acertaron a nadie.

Hoy, esas bandas están prácticamente extinguidas.

Ahora prácticamente no se ve lo que se vio en julio del 2003, cuando dos delincuentes extranjeros entraron en una sucursal de Narón, maniataron a los empleados y a una clienta, esperaron tranquilos a que se abriese la caja, se llevaron 55.000 euros de la época y salieron por la puerta como Perico por su casa.

«Eran tiempos en los que las medidas de seguridad de las entidades tenían tantos agujeros» que raro era el atraco que no reportara un botín de varios ceros», recuerda un policía jubilado que le tocó investigar decenas de asaltos. «En los ochenta, había semanas que en la comarca de A Coruña se cometían 5 robos a bancos». En todo el 2018, fueron 8 en la provincia.

Medidas de seguridad

Hoy en día, el ladrón más torpe sabe que de un banco no se va a llevar más que el dinero que haya en el cajón, pues la caja no se abre ni aunque un empleado quiera. Además, meterse ahora en una oficina supone salir retratado por decenas de cámaras. Dentro y en la calle. Por eso ya los bancos no se atracan como antes, en bandada. Ahora, en la inmensa mayoría de los casos, la desesperación es la que guía los pasos de los malandros.

Quitando al solitario y a otros pocos como él, que demostraron durante años que se puede atracar un banco sin más compañía que la de una pistola, es habitual que el ladrón de una oficina bancaria sea en estos tiempos un hombre con problemas de drogadicción, sin sentido del peligro, únicamente guiado por conseguir dinero rápido.

Los ocho robos a bancos registrados en el 2018 en toda la provincia fueron cometidos por individuos que actuaron solos. La mayoría, ni siquiera tuvo la molestia de cubrirse el rostro. Entraron a cara descubierta, dieron un par de gritos, enseñaron una pistola -en la inmensa mayoría de los casos son de juguete- y salieron a la carrera. Ni una bicicleta les esperó para huir. Medios, los mínimos.

Uno de los mejores ejemplos de cómo funcionan ahora los atracadores lo protagoniza un veterano delincuente de Santiago. A sus 50 años, se presentó el 18 de octubre en la calle Castiñeiriño. Entró en una oficina a cara descubierta y con un cuchillo en la mano. Exigió a los empleados que le entregaran todo el dinero que había en el banco y le dieron 20 euros. No había más a disposición de los trabajadores. Con el billete en la mano y sin decir nada, se esfumó. Tardó unos días en ser detenido. Cuando sea juzgado, el fiscal pedirá para él una pena superior a los 5 años de cárcel como autor de un delito de robo con intimidación con uso de arma. Por 20 euros. Es muy grande el castigo, para tan irrisorio beneficio.

Hoy en día, cualquier malandro sabe de leyes. Lo dice una fuente policial: «Abandonan los delitos castigados con largas penas, ocupándose de otros que pueden sacar más rédito y, si los pillamos, saben que no estarán mucho tiempo en prisión».

Otra cosa son las bandas organizadas. «Si te das cuenta, ya no son los bancos sus objetivos, sino joyerías, asaltos a furgones... ¿Por qué abandonaron el sector bancario? «Porque con las actuales medidas de seguridad, saben que el botín, a repartir, siempre será pequeño. Mucho riesgo para tan poco pago», dice este mando policial. «Ladrones como el solitario hay uno cada siglo», añade.

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