«Tuve miedo. Creo que mi vida corrió un riesgo innecesario»

El naronés Fernando Masafret dice que los buses que suplen a los trenes averiados tienen que desviarse por rutas peligrosas

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Ferrol

Los viajes en el ferrocarril de la costa ya no son lo que eran, porque la mayoría de las veces ni siquiera se hacen en tren, a pesar de que el billete sea expedido por Renfe. Las averías de las máquinas y la falta de personal derivan en que la compañía tenga que recurrir a diario a empresas de transporte o a sus propios microbuses para trasladar a los pasajeros. Sin ir más lejos, el pasado lunes Renfe informaba a través de las redes sociales del transbordo de pasajeros por autobús entre Cerdido y Ribadeo, y también en los trayectos Pravia-Ribadeo y Ribadeo-Oviedo, «por motivos técnicos».

El vecino de Xuvia (Narón) Fernando Masafret vivió el pasado domingo una de esas experiencias de viaje en tren por carretera, en la que asegura haber pasado miedo. «Creo que mi vida y la del resto de pasajeros corrió un riesgo innecesario», manifiesta, pasando a relatar su periplo.

El viaje con destino a Viveiro comenzó a las 8.33 horas en la estación de Xuvia. Fernando sacó el billete en la automática pero el tren no aparecía. Minutos más tarde llegó un microbús rotulado de Renfe y un interventor le indicó que, por problemas logísticos, el viaje se haría en coche.

«En Cerdido cambiamos para un autobús y me sorprende que el interventor tenga que hacer carreras, en algunos casos de cien metros, para comprobar si hay gente en los apeaderos, pero no será lo único que me llame la atención», indica. Y a partir de ahí, este vecino de Narón entra en las cuestiones que la parecieron más graves y que le llevan a afirmar que «ponen en peligro la integridad física de los pasajeros, al menos en dos ocasiones, en los accesos a apeaderos en el trayecto hasta Viveiro».

Según refiere, la primera incidencia grave se produce en el apeadero de O Barqueiro, «en una tremenda bajada, por una carretera infernal, en la que el bus pasa rozando esquinas de casas y con curvas muy peligrosas».

Pero, según su testimonio, todavía fue peor en el acceso al apeadero de Covas (Viveiro), porque el autobús tiene que dar la vuelta en una explanada situada a mayor altura, con una curva de más de 180 grados. «El morro del autobús queda a veinte centímetros de un barranco de más de 300 metros y, como no gira totalmente en esa curva, tiene que dar marcha atrás con el barranco siempre al frente y los pasajeros esperando que no falle nada, esta es mi experiencia», concluye.

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