Una fiel afición bajo un sol abrasador en el Rali de Narón

Miles de personas llenaron las cunetas y los prados de la comarca para seguir la competición

J. Valencia
Ferrol

La barrera de los treinta grados se superó con creces ayer en la comarca y lució un sol abrasador que no desanimó a una multitud de aficionados moviéndose de tramo en tramo, llenando cunetas y prados, para ver a los pilotos completar el trazado del Rali de Narón. Con sombrillas, gorras y sillas; neveras repletas de bebidas congeladas para hacer frente a las altas temperatura; pipas y bocadillos, nadie quiso perderse la cita en una jornada de fiesta que muchos alargarían reenganchándola con el San Xoán tras la entrega de premios en Odeón.

«Vimos ao rali dende que eramos nenos, intentamos ir aos de Galicia que podemos, pero Narón é especial porque estás en casa e ao final coñeces a moita xente que corre», comenta Antonio, quien seguía ayer desde primera hora el tramo de Ferreira con sus amigos de San Sadurniño. Ellos fueron de los más madrugadores ya que previamente habían visto la primera pasada del tramo de Cerdido, pero conforme pasaban las horas la gente no paraba de llegar y sumarse a la fiesta del automovilismo gallego.

Desde la barrera de Ferreira veían la competición un grupo de amigos de As Pontes, Evelyn Gómez, Lucía Ardao, Rubén y Manuel Faraldo, Thais Gómez, Marcos Alonso y los pequeños Sheila y Xabi Alonso, de 10 y 14 meses. «A parada de Ferreira é mítica», destacan. El gusanillo lo empezó la familia y ya pasa a la tercera generación de los más pequeños y es que Xabi no despega los ojos de la carretera. «Creo que lles vai reinar bastante esta afición, pero aínda son peques, temos que ir máis relaxados, pola tarde iremos ir ver outra pasada», detallaba la madre, Thais.

Andrés Cagide, Alicia Santiago, Pablo Martínez y Rubén Pardo, amigos de Neda y de Narón, veían la carrera resguardados bajo un árbol en Ferreira. «Este es el mejor sitio, la curva de los bares de Ferreira es famosa», recalcan. Aseguran que desde que nacieron son aficionados al motor y además la pasión va en los genes ya que el hermano de Pablo, Alejandro Martínez. «De momento va muy bien», animan, y cuando pasa, todos en pie. Pero reconocen que por la tarde no seguirían en la carrera, «hay que prepararse para San Xoán». También desde el campo seguían el tramo pilotos que tuvieron que abandonar. «Era a primeira vez e rompeuse a bomba de gasolina», lamentaba Diego Fernández. Así que la mejor alternativa era verlo con los amigos de As Somozas.

Los amigos y familiares no dejaron de animar a los suyos, como Elías Lorenzo, quien no dudó en viajar desde Guadalajara para seguir la competición de su sobrino, Daniel Berdomás, en duelo con Jorge Cagiao por el liderato del Volante FGA. «Lo está haciendo muy bien y sabe que Cagiao corre en casa, así que no puede arriesgar», comenta. No dudó en aprovechar el viaje a Galicia para darse un baño en la playa de A Frouxeira y de ahí volver a la competición en el tramo de Vilaboa.

El trabajo de los voluntarios

Quienes también sufrieron el intenso calor fueron los voluntarios que año tras año tienden su mano para que la cita transcurra sin ninguna incidencia, como Germán Gómez y Alberto Ameneiro, del Club Rías Altas. Llevan «un pilón de años» siguiendo el rali, pero prefieren «ayudar y mirar». «Es más fácil», bromea Alberto. Lamentan que aún haya gente que no se tome en serio las medidas de seguridad y en su tramo les tocó vivir ayer algunos percances un vuelco y un amago de incendio que obligaron a neutralizar las dos primeras pasadas a los dos tramos de la mañana.

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