El extraño caso de la mujer poseída de Moeche: «Histeria, guerra y meigas»

Patricia Hermida Torrente
Patricia Hermida MOECHE / LA VOZ

MOECHE

El forense José García Ramos que investigó los hechos y reportaje con Manuela en 1925.
El forense José García Ramos que investigó los hechos y reportaje con Manuela en 1925. Cedida

Cien años desde que Manuela Rodríguez Fraga habló con el acento cubano de un cura de Ortigueira fallecido en La Habana, y pasó de ser analfabeta a saber latín

09 nov 2025 . Actualizado a las 15:21 h.

Cuando Europa descansaba de la I Guerra Mundial y aún no sonaban los tambores del nazismo, los discípulos de Freud quedaron asombrados ante el extraño caso de la mujer poseída de Moeche. La campesina Manuela Rodríguez Fraga, de 27 años y encamada desde hace tiempo, empezó a hablar el 12 de enero de 1925 con acento cubano «por boca del espíritu de un sacerdote que había vivido en Ortigueira y fallecido en La Habana». Los vecinos incluso enumeraron poderes de clarividencia, mientras a esta casa del antiguo feudo de los Andrade se acercaban «verdaderas peregrinaciones para asistir a las homilías evangelizadoras de Manuela desde el balcón».

Así lo contaban dos periodistas de La Voz de Galicia, tal y como refleja la hemeroteca de este periódico, que se acercaron hasta la casa de la poseída acompañando al famoso médico forense José García Ramos. Los redactores hablan de «una mujer de brillantes ojos negros con rostro anémico, que mostraba grandes conocimientos en filosofía y hablaba en latín pese a ser analfabeta». El doctor García Ramos procedió a «sumergirla en un sueño hipnótico», mientras investigaba este «caso de histeria». Mientras tanto, el padre de la mujer (un labrador que había sido santero) aseguraba que «desde pequeña era asidua a asistir a fiestas religiosas». Y la madre, en el momento del reportaje, se encontraba en la feria de Moeche. A los reporteros, Manuela indicó (hablando de sí misma en tercera persona) que «el pretendido espíritu se introdujo en la niña cuando volvía de una feria y se echó de bruces a beber agua de un arroyo».

Devotos y psiquiatras

Por esa casa de labranza en la parroquia de San Xurxo peregrinaron desde devotos hasta famosos médicos de la época como el citado García Ramos. De aquel suceso se conserva la foto que acompaña a uno de los reportajes de La Voz, con Manuela sentada en su cama posando seriamente . Dicen los vecinos que fallecería pocos años después. Atrás dejaba un gran misterio que se analizaría durante todo un siglo. Pronto los médicos y psiquiatras se debatieron entre «la histeria o la presencia de un huésped desconocido que cogió prevalencia tras la guerra; y la creencia del pueblo en las meigas».

El doctor Eduardo Pérez Hervada también analizó estos hechos.
El doctor Eduardo Pérez Hervada también analizó estos hechos.

El prestigioso doctor Eduardo Pérez Hervada aseguraba que «el caso entra de lleno en el terreno del histerismo, la tradición popular gallega con sus supersticiones y meigas propician estos casos que reflejan temores y deseos inconscientes». Los propios periodistas de La Voz que se acercaron a Moeche a cubrir la noticia en 1925 se aferraban a que «las teorías de Freud tan en boga nos dan resuelto, sin el mayor esfuerzo, el problema de por qué los recuerdos de la niñez de esta mujer (impresiones dormidas en ese plano poco conocido de la mente) han surgido merced a un largo proceso patológico, eclipsando y anulando la personalidad normal». El misterio incluso cruzó el charco y fue abordado por The Chicago Tribune.

En 2014, una investigación realizada desde el equipo de psiquiatría del Complexo Hospitalario Universitario de Ourense analizaba la historia de Manuela: «Estamos ante un caso de la esfera de la histeria (disociativo, personalidad múltiple, psicosis histérica); factores socioculturales de la Galicia previa a la Guerra civil, la influencia de la iglesia, las supersticiones y mitos del rural se entremezclan en esta posesión». Manuela saltaría a la ficción en obras de Méndez Ferrín, Manuel Rivas y Cristina Sánchez. Y su vida, que haría las delicias de William Friedkin, sigue despertando fascinación desde ultratumba.