La acción de la empresa de mantenimiento de viales deja su impronta, aunque el callejero local presenta todavía múltiples muestras de deterioro
03 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Ferrol encara el otoño con menos baches que el invierno pasado, pero todavía con carencias sobre el asfalto. Se las encuentran los conductores a diario, en ocasiones incluso en puntos sobre los que ya se ha actuado. Y en otros, donde nunca se ha hecho. La Voz chequeó en febrero el estado de las calles del municipio. Entonces su estado era muy precario, y se culpaba a la lluvia y el mal tiempo del desgaste del asfalto. Ocho meses después, misma ruta, pero diferente resultado. La entrada en funcionamiento del nuevo contrato de mantenimiento de viales, en marzo, permitió tapar algunos de los agujeros más sonrojantes, pero no evita que actuaciones más ambiciosas sigan todavía a la espera.
En este tiempo, se dijo adiós a un bache que lideró el roteiro reivindicativo por las fochancas de Canido impulsado por los vecinos del barrio: el de la calle Navegantes. Se tapó y con él desapareció también la marca de espray que señalaba desde hacía tiempo la necesidad, y supuesta, inminencia de su arreglo. También dijo adiós el profundo, y peligroso, agujero que atacaba tapacubos y neumáticos en la carretera de Catabois, cerca de la gasolinera, un parche en un vial que es todavía una asignatura pendiente en mantenimiento, que el gobierno local busca resolver con una próxima actuación.
Otros lugares problemáticos, como la Estrada de Caranza, donde en la subida desde la avenida de Esteiro hacia Navantia intermitentemente se abre el asfalto, también fue tapado. Y por el momento, el agujero no se ha reproducido. Y también se tapó provisionalmente el firme fracturado y el conjunto de baches que se daban cita en el encuentro de la carretera de Castilla con la calle Euskadi, que se adentra en Recimil, aunque el pavimento continúa muy deteriorado.
El mayor avance municipal fue el inicio de la reparación de la avenida de la Residencia. Ese vial, que comunica el hospital Naval con el Arquitecto Marcide y que desemboca en la carretera de Catabois, era uno de los más denostados: por el alto tránsito que registra —una zona en la que también se ubican el CAMF, el CIFP Leixa y el centro de educación especial Terra de Ferrol— y también por lo sensible de su localización, paso obligado para las ambulancias, que como el resto de los vehículos rodaban dando tumbos. Permaneció así durante años. Y el pasado mes el Concello inició el aglomerado para renovar el trazado, que ya se muestra liso. Lo hizo al margen de la empresa de baches, con una actuación específica por 182.690 euros que se financia con el POS+Adicional de la Diputación Provincial. Y los trabajos condicionan actualmente la circulación, con desvíos importantes, en una zona en la que los conductores se quejan también del mal estado de la calle Irmandade de Doadores de Sangue, en parte por las obras del plan director del CHUF.
Pero si había una carretera pesadilla para los usuarios esa era la FE-13. El pasado invierno constituyó un auténtico problema de seguridad vial, con el firme desintegrándose bajo los vehículos y la grava salpicando al paso. Así permaneció durante muchos meses hasta marzo, cuando tras parches que apenas duraban semanas, Demarcación de Carreteras dispuso una nueva capa de aglomerado, que por el momento se mantiene. El problema se ha trasladado ahora al tramo en el que no se intervino, el comprendido entre la rotonda del Decathlon y la del Marcide, donde el pavimento comienza a amagar con seguir el mismo camino. La titularidad de este tramo del vial continúa en manos del Estado, después de que en febrero cediese al Concello el tramo que le había solicitado: todo el trazado por el polígono de A Gándara y la continuación hasta la rotonda de Basanta.
En el debe del Ayuntamiento, una promesa todavía incumplida: la de humanizar el tramo inicial de la avenida de As Pías, después de la actuación del Ministerio de Transportes con la que reconvirtió en bulevar buena parte de su trazado. El trecho entre la carretera de Castilla y el arco de Porta Nova continúa en situación calamitosa. Y lo único que se hizo en estos ocho meses fue aportar material para que los agujeros en el pavimento se muestren ahora menos profundos.
Pero el paradigma de los baches ferrolanos se encuentra en dos aparcamientos, que desatan la indignación ciudadana. El primero, el principal estacionamiento disuasorio de la ciudad: el del Sánchez Aguilera. En febrero mostraba las piedras al aire en su acceso a la estación. Hoy, y tras su enésimo parche en marzo, justo antes de Semana Santa, lo sigue haciendo. La capa de zahorra que ocultó baches y alisó el suelo apenas aguantó unas semanas. Y los huecos, surcos y agujeros han regresado una vez más. Y sin perspectivas de arreglo, supeditado a la urbanización de la parcela, que no llega.
Por su parte, el campo de cráteres del aparcamiento no oficial de Esteiro —en teoría es una zona verde municipal— mantiene no ya el mismo estado que en febrero, sino peor. La parcela de 1008, en Batallones, que se llena a diario, luce repleta de baches sin intervención alguna en los últimos años. Tampoco se incluye dentro del proyecto de Abrir Ferrol al mar, que en su tramo de Esteiro llega justo hasta allí y que ha contribuido a deteriorar más el firme, con material de obra y trasiego de maquinaria.
En la agenda urgente de baches hay nuevas incorporaciones. Presentan credenciales la calle Manuel Belando y su continuación por Cabalo Branco; los viales de servicio del polígono de A Gándara, y también, paradójicamente, la calle Vilarrube, en Santa Mariña. Fue el lugar escogido para escenificar en el mes de marzo la puesta en marcha de la nueva empresa de mantenimiento de viales. Y pegotes de aglomerado ocultaron los baches existentes en el cruce con la calle Frouxeira. Ese mismo día algún vecino ya advertía al alcalde que el arreglo no duraría. El asfalto se abre ahora justo al lado.
Tres millones para el último año
Por su parte, en los últimos meses el gobierno local ha anunciado un plan de grandes aglomerados. En él incluyen actuaciones como la renovación integral de la calzada de la carretera de Castilla, desde la plaza de España al puente de las Cabras; el trecho de la de Catabois que no se renovó en los últimos años, el comprendido entre la rotonda del Marcide y la glorieta de enlace con la autovía de As Pontes (AG-64); el tramo inicial del bulevar de As Pías, la avenida de Castelao, en Caranza o la calle Cabalo Branco, en la que se incluiría la reposición de la corroída barandilla del puente sobre la vía del tren. En la última anualidad de su plan de aglomerados y mejora de viales municipales, el gobierno local contempla hasta once intervenciones con una inversión que supera los tres millones de euros.
«Soy plenamente consciente de que el mantenimiento de los viales la principal preocupación de los ferrolanos», aseguró recientemente en Radio Voz Ferrol (105,4 FM) el alcalde, José Manuel Rey Varela, afirmando que «desde que paró de llover hemos intensificado muchísimo las reparaciones (...) Espero que cuando finalice el mandato haya un antes y un después», concluyó el regidor,