Las Meninas de Canido 2026: arte y baloncesto femenino

ANA F. CUBA FERROL / LA VOZ

FERROL CIUDAD

El fundador del festival de Canido, Eduardo Hermida, abogó en la clausura por un giro, con más peso para el deporte

07 sep 2026 . Actualizado a las 22:09 h.

Canido ha ganado color y luce más apuesto y seductor este lunes, tras una nueva edición de Las Meninas. Lucía Fernández, Lucía Debuxa, nació hace 34 años en este barrio ferrolano y ha crecido a la vez que el festival. Trabaja en una clínica, pero su pasión es el dibujo —«a mano, con lápiz, y últimamente haciendo ilustraciones digitales»— y tras varios años con la idea de sumarse a esta gran fiesta del arte urbano, lo ha conseguido. «Como esta vez tenía más tiempo, contacté con Edu... y encantado», agradece. Igual que ella, contenta con su mural, en la calle Marola, un lugar «algo escondido» para evitar demasiada atención durante el proceso creativo. Ayer a mediodía le dio los últimos brochazos.

Su menina se inspira en el anime y en la película japonesa de animación Mi vecino Totoro, protagonizada «por un espíritu del bosque, que lo cuida y hace crecer los árboles», explica. Es lo que ha querido representar, con Velázquez, en el papel del espíritu de los bosques gallegos, pintando un toxo, con frases que reivindican el cuidado del medio ambiente. Cuenta que «al principio, en Las Meninas participaba más la gente del barrio, y ahora ya vienen grandes artistas, es aún más sorprendente».

Uri KTHR, de L'Ametlla de Mar, un pueblo del Delta del Ebro, es otro de los debutantes de esta edición. «De hecho, es la primera vez que estoy en Galicia», comentaba ayer desde lo alto, en la cesta de la que no se bajará definitivamente hasta hoy, después de una semana intensa para colorear una de las paredes laterales del IES Canido. La resiliencia «humana y de las plantas» es el eje de su trabajo, y en este caso habla de «cómo la cultura se está yendo al garete, lo que está simbolizado a través de este lienzo roto». Todo, subraya, para lanzar un mensaje: «Necesitamos volver a enamorarnos de la cultura, del arte... que a partir de ese lienzo roto florecerá otra vez».

Este muralista catalán celebra «el fresquito» de estos días, al menos por comparación con su tierra. Igual que la madrileña Alina, que se refugió en la calle Alegre para dar forma a su menina. Estudia Criminología, aunque cursó el Bachillerato de Artes, y en Canido ha improvisado su primer mural: «He cogido esta oportunidad para superarme. El año pasado estuve viendo el festival, me pareció chulísimo, y me presenté pensando que no me iban a coger, la verdad». Ella y el resto de los creadores pasan a diario por la central operativa de Las Meninas de Canido, un contenedor donde se abastecen de pintura y del resto de materiales y medios que necesitan.

En la trastienda

Allí, en la trastienda, listo para atender las demandas de todos, se encuentra Facundo, un argentino que vive en Caranza y forma parte del equipo que lidera Eduardo Hermida: «La primera vez trabajé contratado por una empresa, me acerqué a Eduardo y le dije: ‘Yo vengo aquí porque me pagan, pero realmente, si me convocaras el año que viene vendría gratis'. Me gustó tanto el rollo, estar con los artistas... me parece que es un universo tan hermoso...». Dice que la faena comienza cinco meses antes: «Tenemos que recopilar toda la información, fechas de llegada, hoteles, menús, restricciones alimentarias... y luego empezamos con los pedidos, qué tipo de pintura necesitan, cuánta, qué materiales adicionales (grúas, andamios, escaleras), y después volcar todo eso a los proveedores y esperar que nos respondan».

Como en cualquier grupo humano, reconoce que surgen conflictos, «pero se forma una comunidad... no es palpable, pero se siente». Mark y Manu, ayudantes de Sfhir, pertenecen a ese microcosmos, y aplauden la variedad de estilos de Las Meninas. A Hermida, el fundador de todo y que además fue directivo del Baxi durante una década, el domingo le apetecía más hablar de baloncesto femenino que de hiperrealismo, arte abstracto o figurativo. «Es lo mejor, está todo el mundo encantado con el 3x3, y las jugadoras alucinadas con el trato. Se da una coherencia entre deporte y arte. Creo que va a haber un giro a partir de ahora, en Ferrol hay mucha afición y mucha historia ligada al baloncesto femenino... Las Meninas han contribuido mucho a que mejorase la identidad y a dignificar la ciudad, pero el deporte femenino también debe estar, hay que darle fuerte». Sin olvidar la música, otro pilar, y R de Rumba poniendo a bailar «a todo el mundo».