Éxtasis con el eclipse en Ferrolterra y Ortegal: «Es una vez en la vida»
FERROL CIUDAD
Miles de personas de todo el mundo siguieron con asombro un espectáculo astronómico fascinante en puntos como Doniños, en Ferrol, o Estaca de Bares
13 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El 12 de agosto ya es parte de la memoria colectiva de Ferrolterra y Ortegal. La playa de Doniños se convirtió ayer en una auténtica torre de Babel. Personas llegadas de todas partes del mundo, desde Canadá hasta Italia, quisieron disfrutar del eclipse desde un lugar privilegiado, frente a la costa de Ferrol. «Qué mejor sitio, con el mar y entre los árboles del bosque», comentaba Marina Daneu, austríaca residente en el Algarve, desde donde llegó con su marido y otro matrimonio que venia de su Viena natal. «Ellos son científicos y vieron que este era el mejor lugar, por la duración y el clima», explicaba desde el pinar, desde donde ya al mediodía compartía su experiencia mediante videollamada.
Desde Portugal se trasladó también la familia de Antonio, Leonor y André Prego. «Somos de Lisboa y teníamos la opción de ir a Braga, pero la duración aquí es mayor y, ya puestos a viajar, queríamos una playa que dé al oeste», explicaba el padre en su primera visita a Ferrol. Como ellos, los jóvenes canadienses Justin Michael y Stephan Tebis se trasladaron a la ciudad solo para ver el eclipse. «Aprovecharemos para ver más ciudades», señalaban.
Y entre grupos de familias y amigos que quisieron disfrutar de una jornada en la que se superaron los 30 grados, la playa de Doniños, sus aparcamientos y todas las carreteras se convirtieron en un hervidero de vehículos. Marta, Celeste y Eugenia, tres generaciones de la misma familia, esperaban a media tarde a que el padre e ideador del plan encontrase aparcamiento. «Salimos a las tres y media de Boiro, solo falta mi hijo, que lo va a ver en Lugo», explicaba la madre, Celeste, mientras aguardaban con las sillas y la nevera a la sombra de un chiringuito.
Pero si hubo alguien capaz de movilizar masas, fue un francés llamado Jules, que logró juntar a ni más ni menos que a 40 familiares y amigos en Doniños. «Nos envió un pergamino hace un año citándonos aquí este día», explicaba Clementine Bastian desde el pinar, donde el grupo tocaba la guitarra, comía y disfrutaba de la «cita astroibérica», como bautizaron la quedada. Incluso fabricaron su propia insignia, con una bandera de España sobre la que se podían ver un sol y una luna que conformaban el eclipse.
Hasta que, a las 19.30 horas, llegó. Las miles de personas que desde por la mañana se arremolinaban en la playa y sus alrededores sacaron sus gafas y miraron al cielo. Comenzaba el eclipse de sus vidas. «Parece que le estés pidiendo a alexa que baje la luz», bromeaba un joven cuando pasadas las ocho la temperatura y la luminosidad empezaron a bajar. Los últimos minutos antes de las 20.27 horas fueron vertiginosos. Con una playa de Doniños llena como ningún ferrolano recordaba, «ni recordará», apuntaban algunos, los nervios se pusieron a flor de piel. Los niños gritaban de emoción y los adultos lanzaban comentarios de asombro, cada uno en su idioma. Hasta que la luna tapó el sol, y la playa estalló al unísono en el lenguaje universal de los aplausos. El mismo asombro que sintieron los centenares de personas que atestaron el entorno del faro de Estaca de Bares. Christine, canadiense igual que sus amigos Chloe, Kristian, Kevin, Dakote y Tibo, recordará siempre su cumpleaños de 2026. El grupo se juntó del 10 al 15 de agosto en el norte de Galicia para vivir el eclipse solar total del 12 y celebrar el aniversario. «Buscamos bastante y vimos que este era el mejor sitio, mirando al oeste, y deseando que no hubiera nubes. Somos muy afortunados, el paisaje es increíble, todo es tan bonito», proclamaban minutos antes de que la luna empezase a cubrir el sol. Allí mismo, en la meseta de Ventureiro, con el imponente faro detrás, se apostaron Toñi y su hija, Elena, de Benavente y de vacaciones en su apartamento de Barreiros: «Estaba completamente nublado y escapamos, este sitio es precioso». La explanada se transformó en un gran pícnic, con gente merendando a la espera del «gran momento», que para muchos duró más de dos horas. Amelia, madre e hija, vecinas de Chapela (Redondela), aguantaron hasta el final: «Vinimos esta mañana a propósito y nos quedamos a dormir en Espasante. Traemos nécoras cocidas y alitas de pollo fritas para la cena, aquí, en cuanto acabe».
Iago, de A Coruña, y Mejda, de Ourense, dejaron Aldán por un día para vivir «una experiencia única». «Queríamos ir a la Garita de Bares, pero ya no nos dejaron pasar y hemos improvisado», comentaban al pie de la carretera del faro, con las sillas de playa, ella con algo de miedo y él con «mucha curiosidad» por lo que estaban a punto de vivir. A su lado, Lucía, coruñesa, su pareja, Txus, y sus hijos, Udane e Inar. Residen cerca de Bilbao y huyeron de la ciudad herculina aprovechando que tienen parientes en O Vicedo «para ver o eclipse y, sobre todo, sentir la naturaleza». La vivencia superó las expectativas. «Los pájaros gritando justo antes de que empezó a oscurecer me han emocionado», confesaba Lucía cuando volvió la luz.
Marianne, francesa, recordaba el eclipse solar total del 11 de agosto de 1999 en su país: «Fue genial, especial, pero tenía solo once años». Ella y su familia planearon una semana de vacaciones en el norte de la Península, con un coche y una autocaravana, y se dejaron guiar por el tiempo, y ayer se desplazaron de Navia a Estaca de Bares. Aquel día de hace 27 años también se observó este fenómeno en el sur de Alemania. De allí provienen tres aficionados a la fotografía, equipados con trípodes y cámaras. «Aquella vez sentí miedo, se hizo de noche durante el día, los pájaros se callaron...», evocaba uno de ellos. En el aparcamiento del faro, otro alemán, Thomas, con un enorme telescopio, ansiaba «ese instante mágico». «En 1999 no tenía buen equipo [risas]. Hago astrofotos, pero me importa más que haga buen tiempo y que la gente esté feliz», repetía, rodeado de gente entusiasta, como una pandilla de Vacarisses, en Barcelona, que jugaba al Scrabble, con el abrupto acantilado a la derecha y el cabo Ortegal en el horizonte. A ellos se unieron Concepció, Jordi y Julia, de Mataró, de vacaciones por Galicia «aprovechando para tomar unos pimientos y un pulpito». Y ya puestos, el eclipse de sus vidas: «Nos gusta todo, pero el norte más que las Rías Baixas, esto es más salvaje».
Elisabeth y Noelia, vecinas de la Vila de Bares, vieron una oportunidad, en un reclamo tan potente, para vender lotería, imanes y llaveros para recaudar fondos para las fiestas de la Pascua: «Algo siempre cae... pero nos piden gafas, mantas y bebida». Alguien sugiere cobrar un par de euros por coche para compensar el desembolso municipal de tiempo y desbroces, y la limpieza. Niente y Erik, de Países Bajos, no dudarían en pagar. Hace seis meses que reservaron habitación en Viveiro, «a precio normal», para gozar de esta experiencia: «Es una vez en la vida».
De científicos de la Nasa a cazadores de eclipses
Entre la más de 20.000 personas que acudieron a las playas ferrolanas a ver el eclipse, en Doniños se dio cita un grupo de científicos llegados de la Nasa. En concreto, más de una veintena de personas del equipo de la gallega Begoña Vila. «Es una astrofísica maravillosa y también ingeniera de sistemas. Ha trabajado en muchos de nuestros increíbles telescopios, incluido el Telescopio Espacial James Webb, del cual dirigió las comunicaciones. Y está muy emocionada porque justo después de este eclipse solar, va a ir a Florida para el lanzamiento del Telescopio Espacial Roman. Así que es absolutamente asombroso», explicaba Laura Betz, jefa de comunicación de la agencia espacial americana, que se mostraba emocionada.
Tanto como la propia Begoña Vila, que acompañada de, entre otras personas, su madre de 93 años, disfrutó del eclipse desde su Galicia natal. «Los instrumentos que irán en el telescopio ya están ensamblados, pero ver el eclipse es una oportunidad maravillosa», explicaba, emocionada. Y no le faltan razones, pues el próximo 30 de agosto vivirá el lanzamiento del telescopio Roman. «Tiene la capacidad de tapar las estrellas, como pasa con el sol en un eclipse, y nos permitirá ver planetas lejanos, unos tres meses después del lanzamiento».
Con él se buscarán cuerpos parecidos a la Tierra, con posibilidades de albergar vida, y se estudiará la materia oscura.
Además del grupo de científicos de la Nasa, había otro procedente de la República Checa especializado en seguir eclipses. Armados con cuatro telescopios que permitían ver la radiación y el viento solar. «Elegimos Galicia porque reunía las mejores condiciones para verlo, porque es lo más al norte y al oeste posible, y con una posibilidad alta de tener el cielo despejado». Y así fue.