Balance del verano de los cámpings de Ferrolterra: «El turismo es bueno, pero no queremos que esto se masifique»
FERROL CIUDAD
El sector valora el creciente tirón de la comarca
08 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Todas las monedas tienen dos caras. El verano en Ferrol es brisa, playa, vida, calles llenas y cielos despejados. Una imagen mucho más atractiva que el Ferrol gris y encapotado que puede parecer a veces en invierno. Pero, como todas las monedas, también tiene otra cara: calles por las que cuesta abrirse paso cuando solo hay ganas de llegar a casa y esconderse del calor húmedo, minutos perdidos buscando aparcamiento por el centro y caminatas desde el coche hasta la arena en algunas de las playas.
Con los cámpings pasa lo mismo. Aunque Ferrol cuenta con el As Cabazas, el único del municipio, son varios de la comarca los que reflejan un incremento de visitantes. «Tiene una capacidad de 350 personas más o menos y en estas fechas siempre estamos llenos. Ayer tuvimos que rechazar a unas 50 caravanas por falta de sitio», comenta David Parga, miembro de la gerencia del Cámping O Raso de Ares. Una situación similar viven en el Cámping de Valdoviño, como cuenta su gerente, Javier Fidalgo: «Aquí entran unas 180 personas aproximadamente, en agosto solemos estar llenos y este año hay más visitantes».
Ese lleno constante es la prueba de que cada vez más gente pone el foco en Ferrolterra. «La gente viene a Galicia escapando de las temperaturas altas de Madrid para abajo y por la gastronomía. Buscan un equilibrio entre deporte, naturaleza y comida», explica Fidalgo. «Cada año la zona de Ferrolterra tiene más tirón. Se nota el crecimiento de la demanda», añade Parga.
Los responsables de ambos establecimientos coinciden en que quien descubre la comarca suele repetir. «La gente cuando viene, vuelve. Esta es una zona muy salvaje, muy protegida y sorprende porque no está masificada», señala Fidalgo. «Una vez estás aquí, el entorno tiene un encanto que anima a regresar», añade Parga.
Pero atraer visitantes no consiste únicamente en abrir las puertas del cámping y esperar. «Tenemos actividades para niños, torneos deportivos, karaoke e incluso clases de baile los lunes organizadas por una campista—, explica Parga—. Buscamos un equilibrio entre la tranquilidad y el festejo, entre descansar y disfrutar». Esa apuesta por atraer visitantes y consolidar a Ferrolterra como destino turístico es compartida por buena parte del sector. Sin embargo, el crecimiento constante también abre interrogantes. «El turismo es muy bueno, pero nosotros no queremos que esto se masifique», advierte el responsable del cámping de Ares. Aunque considera que los visitantes son una oportunidad, insiste en que debe desarrollarse de forma ordenada. «Las empresas privadas y las administraciones públicas tenemos la misión de diseñar un plan para que no pase. Que no nos convirtamos en sitios como Mallorca o Canarias donde la gente de allí no pueda vivir», reflexiona.
«A nivel turístico yo no diría que Ferrol está resurgiendo, diría que está naciendo, que venga tanta gente es nuevo», declara Parga. Los cámpings llenos demuestran que Ferrolterra gusta. Ahora toca encontrar el equilibrio para que las dos caras de la moneda convivan: una comarca cada vez más atractiva para quienes llegan y el mismo hogar para quienes nunca se fueron.